martes, 9 de junio de 2020

SYNESTHESIA: Synesthesia (Autoeditado, 2020).


Por Larry Runner.

Enfrentarse a algo así no se hace todos los días y nunca digo “de este agua no beberé”, que soy muy viejo y sé las vueltas que da la vida, pero es difícil que yo le pueda meter mano a algo así normalmente. De no ser asturianos no hubiese gastado seguramente ni un segundo de mi vida en ni siquiera intentar escucharlo. 

De hecho tengo otro disco de un rollo parecido en el buzón que se irá al desagüe virtual, pero es que Synesthesia son de casa y merecen al menos un poco de respeto. Los otros que los apoyen en su casa, que yo voy servido.

Tendría que volver a nacer para que esto que llaman “electrometal” me gustase, y es que en el caso de este cambiante combo lo llevan mucho más allá, y más que electrometal esto es electroelectroelectrometal. Vamos que más bien es música bailonga que metal. Conocía a grupos como Corpore, pero estos van más allá.

Synesthesia nos lo pone difícil a los metalheads de toda la vida. Hay que ser de mente muy abierta, o qué coño, que te guste el bailoteo, para que esto te pueda gustar. Está más cerca de la música que escuchaba mi hermano hace 20 años que de lo que yo haya escuchado nunca jamás. Más cerca de aquella famosa ruta valenciana a donde la gente iba a ponerse hasta el puto culo que de Wacken. Es lo que hay.

Les vi en vivo en Avilés no hace demasiado y tenían un vocalista. En el disco la voz viene de otro y antes de que me haya metido con este EP ya han anunciado que tienen nueva voz. Así que ya no está Guerra al micro, en el álbum toma la responsabilidad el gran Diego Teksuo y cuando quieran volver a actuar será Daniela Tamés la que se encargue de la labor.

Diego Teksuo no sólo se ha encargado de las voces si no que fue la persona elegida para la grabación, mezcla y masterización de este EP al que con las sucesivas pasadas le vas encontrando más partes metálicas, pero casi teniendo que esforzarse con ello, porque la electrónica cuando entra fuerte se come todo el sonido.

Puestos a escuchar el disco, cuatro son los temas que lo componen a los que han puesto como títulos “#1”, “2”, “3” y “4”, aunque al final no van en ese orden. Abren con “3”, siguen con “4”, continúan con “2” y cierran con “1”. 


“#3” es maquinillo continuo, apenas unos guitarrazos, pero en general todo electrónica con un Diego Teksuo cumpliendo con creces. “#4” no va tan allá, y es por tanto la que más pudiera respetar. No es tan maquinera o como coño se le llame a esto. No es tan bailona y sí que está más cerca de las últimas y más modernas tendencias del metal que el resto de los temas. 

“2” es como un intermedio entre los dos temas anteriores y aunque va más allá que ellos, no deja de recordarme al estilo de grupos consagrados como Marilyn Manson o el mismísimo Rob Zombie.

El álbum concluye con “#1”, más agresiva, rica en cambios y con una parte central donde encontramos sonido de videojuego (no me pidáis más que yo lo dejé de jugar el PC Futbol 5.0 porque me pasaba las noches en vela y no podía ser).

En definitiva, un álbum para el que guste de los sonidos bailones, del chunda chunda. Trues echen a correr. Es lo que hay. Para gustos se hicieron colores ... y sonido. Lo que sí es una pasada es la portada, aunque así de primeras siempre pensaría que es un álbum de progresivo.

No pondré calificación en esta ocasión, pues no sé como valorarlo, la verdad. Probablemente no sería justo con ellos.


© Diario de un Metalhead 2020.

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