jueves, 19 de diciembre de 2019

AMENTI: Fuerza Vital (Duque Producciones, 2019).


Por Jorge López Novales.

Ya tocaba reseñar el último disco de Amenti

Había bastante expectación con este primer trabajo de Amenti. Gran parte de la cual surgió tras la incorporación del vocalista Juan Lozano a la formación. Hasta yo, en un principio, pensaba que estaba ante un grupo eminentemente asturiano, el propio Pablo Rueda, guitarrista, es asturiano al igual que Juan. Pero no nos engañemos, su presencia no debería robar todo el protagonismo, el proyecto ha tenido un recorrido anterior, nació en 2013, en Villalba de los Alcores (Valladolid), como proyecto de Javi Pérez (batería) y David Fernández (guitarra), en quienes cae la responsabilidad compositiva. Buscando crear un grupo que cuyo estilo estuviese entre el power y el metal melódico, han creado una banda que, tras el paso de diferentes instrumentistas, cuenta con el respaldo de muy buenos músicos que dan brillo a este primer larga duración.

Desde los tiempos de “La llama eterna” con Avalanch, Juan Lozano ha mantenido su presencia como vocalista en bandas como Brecha, o más recientemente con el grupo Blister, muy activo, donde versionaba clásicos del rock. Digamos que Juan ha vuelto a retomar en Amenti ese primer gran amor por el power, tras haber regresado a estos orígenes en los últimos tiempos, donde ya pudimos verlo sobre el escenario con Avalanch interpretando temas clásicos de la banda. 

La materialización de todas ideas musicales y temáticas que conforman este “Fuerza Vita” ha tenido lugar en los Sanctuarium de Alberto Rionda, lo que certifica que ya partimos con un álbum que tiene un buen sonido. La vinculación con este entorno musical se puede ver en la colaboración de Manuel Ramil (Avalanch), que ha metido mano a la hora de grabar los teclados en Tercera Planta Estudio, de ahí el protagonismo que cobra este instrumento en este disco debut. El tema de producción ha pasado por la propia banda, en concreto por David y Javi, junto con Alberto Rionda, del que dicen fue de gran ayuda a la banda desde un principio.

Juan Lozano, con su característica voz, aporta esa sonoridad power metal que es ya un elemento reconocible, aunque no se duda en recurrir a pasajes más “heavys” o temas más hard rock sin caer en la tentación de la balada. Diez temas, con una duración de poco más de cincuenta minutos, que parecen hechos a su medida donde las baladas no tienen cabida. 

Amenti ha recuperado temas de “La Llama Eterna” de cara a sus directos y eso aporta un extra.

Pero, antes de desgranar este trabajo, empecemos por el principio. Sin duda, lo primero que me vino a la mente fue la duda entorno al nombre de la banda, ¿Amenti? ¿Esta palabra es un nombre creado para la banda o tiene algún origen anterior? No necesitamos hacer una gran investigación para encontrar su origen. El término amenti, de forma literal, y casi esotérica hace referencia a la morada del dios egipcio Amen (o Amoun), el dios secreto o “escondido”. Es decir, estamos ante uno de los términos empleados para hablar del infierno, del inframundo, de la mitología egipcia (también conocido como Duat o Necher-Jertet). Esta vinculación con la idiosincrasia egipcia se verá reflejado, como veremos, en la portada y el art work de este su primer álbum de estudio.


En la portada, obra de Laura García (ilustración) y Rocky Torre (diseño gráfico) confluye la ambientación egipcia de Amenti y la temática espiritual, de esa “Fuerza Vital”, que contiene este disco. En tonos azules, muestra en primer término a Anubis, guardián de las tumbas, dios de la Duat, relacionado con la muerte, pero también con la resurrección. Tras él, lo que parece la escalinata y columnas del templo. Este hombre con cabeza de cánido, un chacal no es negro (símbolo de la putrefacción del cuerpo) sino azul, color de la espiritualidad, la inspiración, la naturaleza artística del aura, color destacado en los templos egipcios de Isis. Pero si no mantiene sus coloraciones habituales, tampoco postura, presentándose aquí con el bastón-cetro sobre el hombro y la mano en la cintura, como mostrándose conocedor de su poder. Sobre estas tonalidades azules destacan los elementos en dorado/amarillo -nombre de la banda, cinturón, cetro, capelina y elemento ornamental en el nemes del Dios-, el color del sol y del oro, representación de lo eterno, imperecedero, lo indestructible y, por tanto, los dioses, considerados oro puro. En algunas de las representaciones clásicas del dios, éste aparece con una balanza, elemento más importante en el juicio de Osiris. El espíritu del fallecido es conducido por Anubis ante el tribunal de Osiris formado por 42 dioses,  donde, en esa balanza, se depositaba el corazón –conciencia y moralidad, Ib, del fallecido- contrapeso de la pluma – Maat, símbolo de la verdad y justicia-. Los dioses interrogaban al fallecido sobre su conducta. Las respuestas hacían aumentar o disminuir de peso el corazón determinando el peso final si el fallecido podía vivir eternamente en el Paraiso (si Ib pesaba menos que maat) o si era arrojado al devorador de muertos, Ammyt. Esta balanza, como no podía ser de otro modo está presente en las ilustraciones de este disco, tanto en la galleta, como en la carátula posterior, rodeada de los títulos de las canciones, que forman un círculo.

Este primer disco de “Amenti”, “Fuerza Vital”, una fuerza que inunda el concepto temático de todos y cada uno de los cortes del álbum, se abre con “Sueños”, una composición clásica, que se inicia con un solo de guitarra, donde el protagonismo se lo lleva la presencia del teclado sobre una potente base rítmica. Este es el tema que la banda ha elegido para lanzar el primer videoclip del disco.

En “Ángel exterminador” nos presentan un aire oriental para representar el bien o el mal. Ser bueno pero si hay que actuar se destruye. Tiende a una tesitura más grave, lo que hace que este tema resulte más pesado.

“Corazón Bravo” es tema con un comienzo a lo Manowar lleno de épica. Los prolegómenos de una batalla, con un tempo más calmado, dan paso a unos teclados gradilocuentes, donde las guitarras se van abriendo paso. Llega, con el cmabio de tempo, un pasaje de estética contundente que puede llegar a recordarnos a la “Canción del pirata” de Tierra Santa o incluso a Avalanch, con un estribillo muy pegadizo. Con el fin de la batalla llega la calma. Escuchamos un pasaje sin distorsión y de repente irrumpe violentamente un solo lleno de melodía que da cobertura a un pasaje instrumental de dos minutos que incluye un segundo solo.

En siguiente corte nos lleva al heavy de los ochenta. “Es tiempo de despertar” es un medio tiempo.
Detengámonos en el siguiente tema. “El enviado” es, tal vez, el tema más complejo del disco, tanto en el contenido de la lírica como en la composición musical y es que, ambas nos van a narrar la historia de “un hombre perseguido por sus demonios, para el que su propia mente era su prisión”, Wolfgan Amadeus Mozart. Imaginemos a Mozart a punto de morir, allí nos lleva una canción, “El enviado”. El compositor se halla inmerso en la creación de su última gran obra, el Requiem (misa de Requiem en re menor, estrenada en enero de 1793). Recordemos que el réquiem es el acto litúrgico católico celebrado tras el fallecimiento de una persona, asunto que nos vincularía directamente con el concepto comentado al inicio entrono al propio nombre de la banda.  A pesar de la obra que no pudo ser totalmente concluida por el maestro (fallecido el 5 de diciembre de 1791), es considerada como su obra más transcendental, por lo que ha sido empleada en multitud de ocasiones como referencia y cita musical. La oscuridad acecha. Como dicen en su texto Amenti, la musa le susurra “debes continuar” su creación, que es la que le condena, y es que la leyenda entorno a la obra habla de que un desconocido, vestido de negro, que rehusó identificarse se presentó en casa del austriaco y le encargó la composición de un réquiem, para lo que tenía un mes de plazo. Este mismo hombre se volvería a presentar ante el compositor preguntando por su encargo, lo que estremeció a un Mozart debilitado por la fatiga y la enfermedad, obsesionado con la idea de la muerte desde la de su padre y muy sensible a todo lo sobrenatural por su supuesta vinculación con la francmasonería en esa época. Sobrecogido por el aspecto del enviado, terminó por creer que este era un mensajero del destino y que el réquiem que iba a componer sería para su propio funeral.

El tema comienza con un pasaje de teclado en sonoridad de clave, que nos traslada al virtuosismo clavecinista del s. XVIII, aspecto que también reproduce la guitarra con sus arpegios. Comienza la primera estrofa narrando la historia de Mozart, el hombre de talento que recorre el mundo buscando la gloria.  El estribillo nos lleva a esa furia, plasmada en contundencia musical y rítmica, en el que nos cita la “fiebre que consume al creador de esta magma obra, recurriendo a la idea de la “Reina de la noche” como liberadora. Y es aquí donde aparece el primer sólo de guitarra, en el que el protagonismo recae en esa Reina a través de la cita de la famosísima melodía de soprano del “Aria de la Reina de la Noche” de la ópera “La flauta mágica”, obra también de Mozart. Y es que se toma este personaje con la idea de la que parte la ópera,  la Reina que salva a Tamino del ataque de una serpiente gigante, siendo aquí invocada para que salve al compositor del oscuro influjo de su musa.  Esta liberación pronto se rompe. El hombre busca terminar y para ello el genio pierde los pocos momentos en que la luz que le quedaban y se sumerge de lleno en la sombre, en la oscuridad de su propio “Requiem”. De nuevo arpegiaciones de guitarra que imitan al clave dieciochesco para dar paso al solo del teclado, que continuando en esta sonoridad reproduce el primer verso del Dies Irae de la Misa. Por unos instantes Amenti te lleva hasta el lugar donde Mozart ultima su obra… y lo hace con estilo que lo acerca a las bandas de power italianas, cercano a un estilo neoclásico. Es, en definitiva, un tema complejo con varios pasajes instrumentales, varios solos y gran protagonismo del teclado. Una gran orquestación que, de nuevo, responde a la ideada por Mozart para su Requiem: La orquesta sinfónica, coro y voces solistas son reinterpretados en Amenti  con gran predominio del teclado, una batería muy presente y contundente que va marcando los rápidos cambios de ritmo que se plantean en el tema.

El sexto corte supone un rotundo contraste con el anterior. Es, tal vez, el tema más alegre, por decirlo de algún modo del disco. “Sin miedo” recuerda en su inicio a Stratovarius, a un estilo neoclásico donde destaca la melodía vocal. Esto da un paso a una parte donde toda esa sensación se desvanece para abrirse paso un tema que te lleva, de nuevo, a los Avalanch primigenios, presentando un estribillo de gran calidad.

Esa sensación Avalanch se mantiene en el séptimo corte, “Fuerza vital”. Este tema habla de la energía que mueve todo, no sólo aquello que está vivo.  Sentir esa fuerza, nos dicen, te ayuda si te entrelazas con ella. Parecen querer dejar claro en este tema lo que es Amenti, toda una declaración de lo que son como banda. Es un tema más lento, más pesado, donde destaca el solo sobre la base de teclado.

La épica vuelve en “Sangre y fuego”, que nos traslada a un combate de los tercios en un corte de puro heavy metal clásico español. De nuevo nos encontramos ante un gran estribillo.

“Un solo camino” es un tema potente, gracias tal vez a la presencia de un riff de gran fuerza.

El disco se cierra con “Renacer”, donde muestran un sonido más maduro. Este corte comienza sonando a un estilo cercano al hard rock para regresar, sin recrearse, al power metal que define a la banda.


En general, este primer larga duración de Amenti nos deja buenos estribillos, pegadizos y fácilmente coreables, y un gran trabajo en los puentes instrumentales y, sobretodo en los solos de guitarra. En sus melodías podemos ver referencias a las grandes bandas del power metal nacional con pasajes que nos van a recordar a los temas más míticos de Avalanch (no en vano los carteles de sus concierto, bajo el nombre de la banda, recalcan “con Juan Lozano de Avalanch, recordando temas de La Llama Eterna”), Tierra Santa, WarCry… en definitiva, al power melódico español, destacando la gran presencia de los teclados y la batería que nos suena tal y como sonaban aquellas baterías de los primeros discos de Avalanch.

Si el power no es lo tuyo huye de este trabajo. Personalmente, “La llama eterna” es uno de los primeros discos estatales que compré y este disco ha llegado a evocar algunas de esas viejas sensaciones. Pocas veces un trabajo no innovador lo consigue

1. Sueños
2. Angel exterminador
3. Corazón bravo
4. Es tiempo de despertar
5. El enviado
6. Sin miedo
7. Fuerza vital
8. A sangre y fuego
9. Un solo camino
10. Renacer.








© Diario de un Metalhead 2019. 

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