Tras disfrutar con ellos en el pasado Unirock como en los mejores tiempos, no tenía duda alguna de que necesitaba volver a ver a Barón Rojo en directo una vez más.
Sí, ya sé que llevamos años con eso de que se acaba el trayecto, pero es que es verdad. Llegados a estas alturas de la vida, cuando los de Castro ya superan los 70, uno nunca sabe cuándo será la última, así que mejor aprovechar todas las oportunidades posibles antes de tener que arrepentirse por habérselos perdido.
Teníamos pensado acudir y al final lo hicimos para formar parte del crew que hizo que todo saliera adelante. El miércoles por la noche recibimos la llamada que nos sumó a la aventura, así que acudimos a Gijón más temprano de lo pensado, pero con más ganas aún.
El Teatro Albéniz se llenó hasta la bandera. A pesar de haber actuado para más de 4.000 personas gratis el pasado verano, el sold out colgó de las puertas de la sala gijonesa. La venta anticipada casi hace que no hubiera papel en taquilla. Una locura.
Entre el público, evidentemente, mucha gente entrada en años, pero en la primera fila pudimos ver caras sonrientes de adolescentes e incluso de algún pequeñajo convenientemente escoltado por sus padres. Una maravilla.
Sí, una maravilla. Porque estuve en la parte de adelante casi todo el concierto y creo que disfruté tanto viendo a los chavales cantar las canciones como del propio grupo sobre el escenario.
Vaya por delante que todos sabemos que los hermanos del lado bueno de la historia de Barón Rojo están mayores y que son muchos los kilómetros sobre sus espaldas. Pero ojo a cómo tocan aún hoy en día. Y claro, luego están las canciones, los himnos que son banda sonora de nuestras vidas, esos temas que todos seguro asociamos a momentos de nuestro pasado. Porque, a ver, ¿quién no asocia las canciones de Barón Rojo con situaciones de cuando era más joven?
El repertorio fue larguísimo, con hasta 22 temas, pasando de largo de las dos horas de show que en principio estaban pactadas. Y sí, hubo algunas sorpresas alucinantes.
No recuerdo haber escuchado “El Pedal” en vivo nunca antes. Quizá haya sucedido, no digo que no, pero encontrarme con esa canción de Tierra de Nadie para abrir no estaba en mis cálculos. Fue acogida de forma fría por el público, al que tomó con el pie cambiado. “Larga vida al rock n’ roll” sirvió para ir estirando, y un “Anda suelto Satanás” arrancó las primeras palmas de acompañamiento a una banda que ya sonaba de maravilla. Fenomenal trabajo desde la mesa.

Armando de Castro pregunta: “¿Dónde estabas en el 83?”. A mi mente vino rápidamente la respuesta: “Viendo a Barón Rojo en San Mateo, en Oviedo, escapado de casa”. Noche inolvidable.
“El Presidente”, de su disco debut, fue la segunda sorpresa de la noche. No contaba con ella. Es genial que siempre nos sorprendan con alguna olvidada. Hay discos que retomar.
“Cueste lo que cueste” nos lleva al 99. Ya por entonces algunos decían que tenían que dejarlo, pero ellos se despacharon aquel discazo y el tema se quedó para siempre. Recuerdo aquella gira y el llenazo en la Quattro avilesina cuando vinieron a presentar el disco y la gente luchaba en la taquilla a empujones por “una entrada, cueste lo que cueste”, que gritaba mi colega Jaime. ¿Ves? No vienen más que recuerdos con cada canción.
“Buenos Aires” fue otra agradable sorpresa. Más recuerdos. Otra escapada. Siendo aún un crío, camino de Mieres para pillar en Discos Eusebio el Barón al Rojo Vivo. ¡Cuántas vueltas dieron los dos discos de aquel álbum en mi tocadiscos! ¡Qué maravilla de instrumental! ¡Qué momento más especial! Como también lo fue el de “Chicos del Rock”. Muchos de aquellos chicos protagonistas de la canción se quedaron por el camino. Otros allí estábamos, sudando aún al ritmo de la banda más grande que ha dado el heavy metal español. “Con el tiempo cambiará”, rezaba la canción. Ni pa Dios cambió la cosa.
“Hermano del Rock n’ Roll” nos puso a cantar a capela. Fue entonces cuando vislumbré desde mi posición a una pareja latina que cantaba con especial emoción, como si llevaran años esperando una cita así. Tras un no menos alucinante “Concierto para ellos” vino un “Con botas sucias” alargado al máximo, con José Luis Morán luciéndose al bajo en un tema que terminó cuando Armando de Castro quiso.
“Los rockeros van al infierno” fue una auténtica locura y quizá uno de los momentos álgidos de la noche. Momento para presentar a la banda y a ese Rafa Díaz que, tras diecinueve años tras los tambores, se ha ganado todo el respeto. Enorme el ex-Easy Rider. Para mí, el mejor batería que ha tenido la formación.
Tras un breve parón vino el primero de los bises, cargado de éxitos y emoción. Lo abrieron con una larga versión de “Incomunicación”, una vez más “hasta que Armando diga”. Detrás, “Las Flores del Mal” y “Cuerdas de Acero”, la mejor canción de la historia del rock estatal. “Hijos de Caín” fue cantada con emoción por todo el Albéniz, que no presentaba fatiga. Después, “Resistiré”, todo un himno y sin duda la canción más versioneada del heavy español. “Siempre estáis allí” sirvió de segunda despedida.

Volvieron por última vez para cerrar con “Barón Rojo” y un “Son como hormigas” que me volvió a traer muchos recuerdos. Historias que no vienen al caso de mi breve paso por los escenarios allá por los 90.
Son los más grandes. No hay más. El público dicta sentencia por encima de modas, de memeces y de envidias de aquellos que no lo dan. Larga vida al Barón.
Gracias a Tana, Andrés Abella, Barón Rojo y al crew más increíble con el que yo haya trabajado.








No hay comentarios:
Publicar un comentario