martes, 26 de marzo de 2019

La alegría de ser deathmetalero.


Por Simón García López

A raíz del reportaje de José Luís Salinas en el suplemento Siglo XXI de la Nueva España donde participé junto con Julia Martínez Lombó, amiga e incansable investigadora y difusora del mundo del metal, me he propuesto ampliar un poco la visión que apuntaba en el artículo sobre un tema como era la felicidad que transmite a sus fans el Death metal, y la asombrosa constatación por parte de los científicos que hicieron el estudio de que somos personas absolutamente normales.  



A cualquier fan de Death metal y creo que del metal en general, este tipo de conclusiones no nos sorprenden en absoluto. Incluso la base de la que parte el estudio, hasta cierto punto y dependiendo de lo fina que tengamos la piel, puede resultar un poco ofensiva. Que haya que someter a estudio si somos personas absolutamente normales, sensibles y sin ningún tipo de sociopatía, si el Death metal nos convierte en seres monstruosos, con tendencias violentas e insensibles a esa violencia, puede ofender. Lejos de que me ofenda personalmente, sí me parece triste tener que aclarar algo así a estas alturas, pero cierto es que la sociedad lo sigue necesitando porque la impresión que transmite el estilo y la apariencia de los fans son hasta cierto punto amenazadoras y fuera de la supuesta normalidad. Seguimos y seguiremos prejuzgando a las personas por su apariencia. Es algo inevitable. Nos educan a todos sin excepción para ello e incluso puede que tenga algo que ver con una tendencia inconsciente de defensa transmitida genéticamente desde que nuestro hábitat eran las ramas de los árboles. Hemos evolucionado y tenemos la capacidad  intelectual de no prejuzgar, pero los prejuicios son fuertes y se siguen transmitiendo. Por lo tanto es necesario someterlo a estudio para que el común de los mortales entienda que no somos Ted Bundys en potencia. Que la ciencia por tanto haga su trabajo y llene de luz la oscuridad.

¿Por qué el Death metal nos hace felices? Esta pregunta se podría ampliar. ¿Por qué el metal extremo nos hace felices? E incluso, ¿por qué el metal en general nos hace felices?

El Death metal en concreto es una forma de expresión artística compleja, con una base técnica y temática igualmente compleja. Se vive como una pasión y ahí es donde radica el primer motivo de felicidad. Todo lo que apasiona hace feliz. 

Al Death metal no se llega a través de radio fórmulas, no se promociona en los medios masivos ni aparece en ninguna gala musical. Esta pasión se construye a través de la investigación musical, interactuando con otras personas, desarrollando el gusto y rompiendo sus propias barreras mentales. Esto genera un vínculo muy fuerte entre el estilo y los fans. Un seguidor de Death metal se hace a sí mismo, tiene que luchar contra muchos prejuicios y críticas, las primeras dentro del seno familiar en la mayoría de los casos y está orgulloso de ser lo que es. Esto se puede extrapolar a cualquier fan del metal.

Otro motivo que genera esa felicidad es que el Death metal, escuchado o tocado es una forma de liberación para el fan. Todas sus frustraciones o problemas desaparecen cuando suena la música. Como concluye el estudio, el estilo no funciona como generador comportamientos o hábitos violentos. Al contrario, los elimina porque la música sirve de catalizadora y liberadora de sentimientos negativos. Es sin duda algo terapéutico, como el yoga, pero desde el extremo contrario. En este caso, esto se podría aplicar a cualquier forma de metal con una esencia musical violenta y agresiva. Para que se me entienda: Motörhead siendo Rock and Roll generó este sentimiento en los jóvenes de finales de los 70, principios de los 80. Venom lo hicieron, Celtic frost lo hicieron Metallica en sus inicios o Slayer transmitieron este sentimiento de igual forma y así hasta la aparición del Death metal, superado en violencia e impacto sónico por otros estilos extremos desde mediados de los 90. 

Tras una sesión de Death metal los fans y músicos somos felices y los problemas pasan a un segundo plano. Es cierto, desde el negro, la vida se ve color de rosa.

Tuvo éxito una reflexión que hacía en el artículo sobre el Death y los fans, y que decía así: “A nosotros la música triste nos hace felices y la violenta nos relaja. La temática Gore nos divierte, y la social o medioambiental nos hace pensar. Tenemos clara la diferencia entre ficción y realidad, y por ello podemos disfrutar del terror y el gore, pero sentimos absoluta repulsión por la muerte violenta de cualquier persona.” 

El problema radica en que la sociedad no consigue ver clara la diferencia a la hora de juzgar un estilo o forma de arte entre ficción y realidad. El estudio en el fondo se hace porque ni tan siquiera los científicos que lo llevaron a cabo consiguieron ver clara la diferencia. ¿Cómo una letra que de una canción que se llame “Hammer smashed face” puede dejar insensible al oyente? En el cine, Tarantino siempre ha estado sometido a debate por los sectores reaccionarios. ¿Cómo Tarantino no va a ser un psicópata? ¿Cómo el continuado asesinato de personajes en la pantalla de cine puede producir placer y no motivar que los espectadores se vuelvan asesinos en serie? ¿Cómo a Nabokov no le van a gustar las niñas si escribió “Lolita”? 

Muy sencillo: todo es una ficción y quien disfruta de ese tipo de música, cine y literatura tiene la divina capacidad de saber diferenciar entre ficción y realidad. No son contenidos para todos los públicos, a cierta edad pueden herir sensibilidades, pero una vez que esos límites están claros, diferenciar esos dos conceptos es algo básico para no tener que abordar cada cierto tiempo debates estériles e inútiles. 

Creo que por muchos estudios que se hagan a nuestro favor, poco va a cambiar en cuanto a cómo nos ve la sociedad en general, pero en el fondo, a quién le importa.  Sed felices.

© Diario de un Metalhead 2019.