martes, 17 de marzo de 2020

CENIZAS DEL EDEN: Extinción (Autoeditado, 2020)


Por Jorge López Novales.

Llevo unos cuantos días acompañado por “Extinción” de los onubenses Cenizas del Edén, su tercer disco. ¿A qué suenan? Es complicado meterse. Aunque considero el thrash metal la base sobre la que gira todo su mundo. ¿Merece la pena? Si.

¿Estamos ante la enésima búsqueda experimental metiendo sonidos sin cabeza para ser original? Claramente, no. La banda tiene su propio sonido y ha dado un buen salto a partir de su anterior trabajo “Sententia”.

La banda muestra una evolución hacia el thrash progresivo –entendido como técnico- mezclado con ciertos rasgos heavy y algo de groove. El diseño de la portada de “Extinción”  fue realizado por Arca Design siendo mezclado, grabado y masterizado por Santi García en Estudio Mathica. 

Una intro, “III. Humo y Cenizas” con sonidos propios de los aborígenes australianos, da paso a la instrumentación de sonoridad tribal.

La primera escucha me llevó al puñetazo “Jódete”, su segundo corte. Aquí encontramos de forma más exagerada los elementos que conforman el sonido de la banda, una fórmula sin complejos: un toque de groove a la guitarras, thrash (aunque aquí no tiene mucho protagonismo), heavy metal y algunos pasajes más propios del core. Un disco donde los solos de guitarra digamos que no tienen un excesivo protagonismo. Esta primera lírica ya nos plantea un estribillo contundente, algo que será una tónica a lo algo de todo el trabajo.

Vamos intentar acercaros al sonido de “Cenizas del Edén”. Aunque detallar mucho los cortes haría esta review muy extensa.

Por ejemplo en “Extinción” arrancamos con unas guitarras thrash, más propia de bandas como Slayer, con riff muy pegadizo. Fue éste el primer single lanzado en Marzo del 2018 con la nueva formación, al que acompaña un videoclip. Estamos ante un tema más estándar, más previsible, para un consumidor de metal. Pero encontramos algo que distingue a esta banda, la voz de David Muiño y letras con mensajes profundos. Cuando arrancamos es como si la línea vocal fuera por su lado, característica más propia del rock estatal, intercalado con registros más agresivos. En su conjunto ofrece un producto muy sólido, lleno de complejidad. Pasajes lentos que evocan a Metallica, una batería que no se conforma con un ritmo, y un bajo que da profundidad al tema. 


Encontramos en este trabajo que Cenizas del Edén puede llegar abarcar desde lo más extremo hasta pasajes más tranquilos. Lo que realmente importa es la línea vocal y la música y no el estilo en el que se encuadra, que está al servicio del mensaje y la melodía. Que existan pasajes heavys no quiere decir que haya una rebaja de intensidad sin venir a cuento, lo que aporta en los temas es un punto oscuro, melancólico.
“Arden” comienza con un minuto y quince segundos thash instrumental. Pasajes groove, estribillo muy thrash y un solo de poco más de diez segundos.
El quinto corte es “Prisión mental”. Me gusta bastante. Tiene un aire completamente distinto al anterior. Es atmosférico y su comienzo podría pasar como un tema de una banda instrumental que te va pintando un escenario, en este caso un mundo interior. Ras ello, irrumpe una sección más thrash con una voz agresiva que de repente se convierte en una voz limpia que da paso a un estribillo muy heavy. Se juega con el contraste, cambios de ritmo, de registro y estilo vocal. Encontramos también pasajes más pesados, que se llegan a convertir en algo destacado.

“Nada que perder” es un medio tiempo lleno de melodía que va creciendo en intensidad hasta que se viene todo abajo, con una potente base thrash. Las  guitarras dialogan sin tregua. Se vuelve a recurrir a un tono heavy en el estribillo. El esfuerzo vocal de David es considerable, se cree lo que dice y lo transmite y es que en este corte encontramos un texto realmente crítico. Finaliza con un aire core.

Tras éste llega una balada, “Un nuevo Edén”, de casi siete minutos. Es un tema en el que la voz se desarrolla junto a una guitarra acústica salpicada por pasajes instrumentales llenos de distorsión. Veamos este tema con calma, pues aunque de primeras no me atrajo mucho creo que merece un comentario detallado. Arranca con una guitarra en acústico que acompaña a la voz de David Muiño que aquí recuerda más a un cantautor al uso. La voz en este tema juega con los glisandos para ir de una nota a otra. Es característico de este tema la interrupción tanto del motivo melódico del acompañamiento de guitarra como en la voz, tanto a nivel melódico como textual, ya que establece pequeños “cortes” entre palabras de una frase o incluso sílabas de una misma palabra. Esto nos da una sensación de encabalgamiento de un motivo con el siguiente que me parece bastante interesante. Tras esta primera sección, en la que nos presenta una primera estrofa y el que será estribillo, encontramos un primer pasaje de distorsión. Entra batería, bajo y guitarras eléctricas, que continúan con la base rítmico melódica planteada. El sonido se vuelve a clarificar, sin perder ya la instrumentación completa, regresa la acústica para acompañar la segunda estrofa y la repetición del estribillo. Segundo pasaje instrumental, de nuevo en distorsión y con un pequeño solo, o protagonismo de la guitarra. Cambio completo, realmente sorprendente: guitarra acústica en arpegiación de corcheas constantes que acompaña a un discurso vocal en recitado, como si estuviese rapeando en una estrofa más larga que las anteriores que no está secundado por el estribillo. Regresa la distorsión en un tercer pasaje instrumental que desembocará en la cuarta estrofa, de melodía amplia, con saltos amplios y en la que juegan con los cromatismos en las resoluciones de los motivos. De nuevo pasaje instrumental, distorsión y, tras un primer arranque en la línea anterior, cambio de ritmo y tempo que nos acerca al metalcore primero y luego al trash. Última presentación vocal, ya sólo del estribillo, repetido en dos ocasiones y jugando con los cromatismos y la voz rasgada que nos evocan la distorsión de los instrumentos. Como vemos el tema va creciendo en intensidad, hasta desvanecerse suavemente, y es que aunque estructuralmente sea la balada, se trata en realidad de un medio tiempo que estalla en el segundo minuto de composición. 

“Golpes de realidad” recurre al tema del maltrato en su lírica. Arranca un medio tiempo en que Joaquín Rodríguez da muestra de su buen hacer a la batería. Regresa inmediatamente a la fuerza de temas precedentes y a los riffs agresivos.

“Mi redención” empieza con un aire Groove que se apodera de la melodía del tema, tras una intro hardrockera que podría despistarnos. Solo del bajo al que se añade la batería y finalmente la voz y guitarra. Por unos instantes parece que nos enfrentamos un lastimero blues con una gran interpretación vocal de David.

Con “Requiem” rematan. Un inquietante riff se apodera de las guitarras en armónicos. Es un tema que sufre varias transformaciones en poco menos de siete minutos, constituyendo un repaso a los diferentes estilos que se contemplan en “Extinción” y que aquí  parecen crear uno sólo. Podemos apreciar claramente los samplers que han estado presentes a lo largo de los 10 cortes del álbum.


Como ya hemos dicho, Cenizas del Edén ha encontrado su camino. Esperemos que sigan en esta misma línea.

Tracklisting:
1. III. Humo y cenizas
2. Jódete
3. Extinción
4. Arden
5. Prisión mental
6. Nada que perder
7. Un nuevo edén
8. Golpes de realidad
9. Mi redención
10. Réquiem









© Diario de un Metalhead 2020.

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