domingo, 19 de abril de 2020

La pandemia en la escena musical.


Por Simón García López.

Ahora que estamos en medio de una pandemia y tenemos todo el tiempo del mundo para pensar y dedicárnoslo a nosotros mismos, podemos hacer entre todos un ejercicio de reflexión sobre el mundo del metal. Voy a plantear unas cuantas cuestiones que intuyo no se están teniendo en cuenta como deberían:

1. Lo primero que nos encontramos a bote pronto es la paralización del sector del ocio, que afecta por supuesto al musical. Cancelación de conciertos, giras y festivales, que conllevan apuros económicos para promotores, managers, bandas y todo el personal invisible relacionado con ellas como son los tour managers, técnicos de sonido, de luces o pipas. Estamos hablando de miles de personas que viven al día en muchos casos, que trabajan como autónomos en condiciones muy precarias en otros tantos casos, y a los que esta situación supone la miseria más absoluta. Toda esta gente va a ser la última en ponerse a trabajar porque el sector del ocio va a ser el último en ponerse a funcionar, y no por ser el menos necesario. Todos en nuestra casa estamos tirando de cultura para pasar lo mejor posible el tiempo, pero el ocio es siempre lo que aglutina por evento a una cantidad de gente digamos considerable, aunque en conciertos de rock o metal llevemos tiempo viendo que considerable está muy por encima de la realidad.


2. La precariedad de muchas bandas se ha visto demostrada rápidamente por la petición de ayuda económica, para sobrevivir, que muchas de ellas han hecho a sus fans. Se me vienen a la cabeza Devin Townsend, quien en agradecimiento compuso una canción incluso, Anathema o Rhapsody. Esto demuestra que algo no funciona en el negocio y destapa una miseria que es difícil de ver y sobre todo para la gente que está fuera del sector: la inmensa mayoría de bandas viven al día, da igual el nombre que tengan, su historia, los discos editados o trayectoria. ¿Cómo puede ser posible esto? ¿Qué es lo que no funciona en este mercado? Bandas como las arriba citadas y a las que se les supone una solvencia pidiendo al fan para sobrevivir. ¿Inconcebible no? Pues es el pan nuestro. Los factores que lo motivan son infinitos. Aquí van unos cuantos: La banda recibe una miseria por los discos vendidos, sus discos y nada directamente por las reproducciones en plataformas digitales. Recuerdo el vídeo denuncia que hizo hace unos años el de aquella guitarra de Suffocation, Guy Marchais, yendo a una tienda de discos a comprarse el “Pinnacle of bedlam” porque su sello, Nuclear Blast, no había tenido la decencia de mandarles una copia por lo menos a cada uno. La tuvo que pagar si la quiso. Por otro lado siguen teniendo que hacerse cargo de los gastos de la gira, pagar para meterse en ellas, hipotecarse en muchos casos, y el más mínimo imprevisto las manda al barracón de la ruina. Cuanto más grandes son los sellos suele ser peor. Más impersonal es el trato y eres más número que persona. Hay sellos que llegan de mano a pedir 6000 euros por edición y publicidad. Lo sé por experiencia. Y eso es solo el principio. El músico es el sostén del mercado, y al mismo tiempo, la última mierda.

Suffocation

3. Hay un problema en el que nadie está reparando o en todo caso si no es así y me equivoco, disculpadme pero no he leído o visto a nadie al respecto ponerlo sobre la mesa. Es el siguiente: en general los grandes festivales están no cancelando sino cambiando las fechas manteniendo al completo el mismo cartel que tenían previsto para este año. Esto es justo, y lo creo de verdad, para todas las bandas que están ahí y no tienen culpa de lo que está pasando, y por supuesto para aquellos que han comprado la entrada para ese festival para ver a las bandas que componen el cartel pero, ¿las bandas que no están? ¿Qué van a hacer esas bandas, grandes o pequeñas y si ven el mercado de 2020 cerrado y el de 2021 copado? ¿Esperar dos años para arrancar? ¿Y el personal que llevan detrás? ¿En qué situación quedan? Doble ruina. 

4. El no comprar en estos momentos discos o merch a bandas o sellos para que los repartidores se muevan y expongan lo menos posible está muy bien, pero si las bandas no venden se genera otro problema para ellas. Soy el primero que no compra por el primer motivo, pero soy el primero que es consciente de que esos descuentos de bandas en merch son motivados por esto, sobre todo aquellas que les pilló todo esto en medio de presentaciones de discos y giras con una ingente cantidad de material para venta. Todas ellas están súper jodidas, y es que en una pandemia como esta, cada vez que crees estar ayudando a unos, estás jodiendo a otros inevitablemente. El dilema moral es continuo y por desgracia no se puede ayudar a todo el mundo. 

The Ominous Circle

5. Por último y no quiero extenderme más, un deseo: me gustaría que esta pandemia sirviese para crear conciencia sobre el mundo del ocio y del sector, y se resume en lo siguiente: el músico es fundamental y suele hacer esfuerzos económicos y vitales impagables la mayoría de las veces sin ser consciente tan siquiera de ello. Permitidme que me ponga de ejemplo en dos situaciones realmente curiosas que viví el año pasado. Hay mucha gente que no lo sabe pero tengo otra banda además de Legacy of Brutality que se llama The Ominous Circle. El año pasado hicimos dos fechas prácticamente seguidas en octubre, una en Santiago y otra en Mainz, Alemania. En Santiago, explicándole al dueño del local en el que tocábamos que venía desde Puerto de Vega haciendo 300 km., solo para juntarme con el resto de la banda (que son todos portugueses e hicieron otros tantos y alguno más incluso para estar allí esa noche), y tocar para las apenas 30 personas que allí asistieron, no daba crédito. Desde su punto de vista pragmático y empresarial, aquello no tenía sentido. Para mí sobra decir que tenía todo el del mundo. Dos fines de semana más tarde, nos fuimos a Alemania. Tocábamos en un festival y asistieron, calculo, unas 200 personas. Un alemán con su pareja se acercó a preguntarme si era de la banda y me preguntó que de dónde veníamos. Le dije que era español y que para estar ese día allí había viajado el viernes de manaña desde mi pueblo a Oporto para ensayar ese día; habíamos cogido un vuelo desde Oporto a Frankfurt y pillado un tren para llegar a Mainz. Al día siguiente haría lo mismo pero al revés y el lunes a las 10 tenía que estar en el trabajo. Cuando terminé de contarle me miraba fijamente, con los ojos muy abiertos, como si no fuese de este mundo y pensé que quizás no me había explicado bien, pero sí, había entendido perfectamente lo que le dije. Lo que no había comprendido era que hiciese todo eso para tocar ese día allí. Me lo preguntó estupefacto para que se lo confirmase: “¿Todo eso para tocar aquí?”. Mi respuesta fue de lo más normal. “Sí, claro”. No terminó de comprenderlo y al rato se despidió impresionado dándole vueltas a la cabeza y negando literalmente. Estos dos ejemplos demuestran no lo que hago yo. Soy uno más e insignificante en un mundo enorme. Demuestran lo que los músicos hacen o son capaces de hacer por tocar. Y demuestran, si se atiende a las sutilezas, y las que me callo, lo mal tratados que son y están. Ellos y los técnicos que los acompañan. Los músicos por lo menos, en el mejor de los casos, reciben la enhorabuena y el reconocimiento al final del concierto. Los técnicos y currantes no. Mirad: ahora que están tan de moda los aplausos, la próxima vez que vayáis a un concierto y el sonido y las luces sean estupendas, id a la zona de las mesas y felicitad a los técnicos. Os lo agradecerán enormemente.

Mucho ánimo a tod@s. Ya queda menos.


© Diairio de un Metalhead 2020.

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