jueves, 8 de enero de 2026

Por Mario. EDÉN, León, 03.01.2026.

📝 📷  Jorge López Novales.

El 3 de enero de 2025 es un día que no olvidaré. Me dieron una noticia terrible: nos había dejado Mario Herrero, nuestro Jon Lord asturiano. Cada vez tenía más claro que era inminente, pero no acababa de aceptarlo.


El Raposu Rock fue la despedida de Mario, su canto de cisne, con un concierto súper emotivo de Drunken Buddha. No podía imaginar lo que te estaba costando estar ahí, sobre el escenario. Te despediste de todos nosotros. Ojalá te hubiera dado un último abrazo.

Con un disgusto terrible me dirigí al centro de León. Estaba todo hasta arriba de gente, lo habitual en estas fechas. Menos mal que no utilicé el coche.

Llovía, pero por lo menos no hacía frío.

Edén sigue dando caña a Alma de Libertad (2024), un disco que me encanta. Es un trabajo lleno de himnos que rezuman power metal y medios tiempos cargados de melodía. No solo tiene la culpa Dini, con su voz y actitud; Javi Díaz —el alma de la banda— ha dado con la fórmula para sus composiciones, y ya lleva un tiempo acompañado de unos músicos más que competentes, como el joven virtuoso de la guitarra Álvaro Cocina, un mítico de la batería como Fernando Argüelles y el bajista Juanjo Díaz.

Esta era la tercera vez que los veía en esta gira. Tenía ante mí a una banda asentada que jugaba en casa. A finales del año pasado habían comenzado su gira en Oviedo. Para este concierto en León aprovecharon el mismo setlist, que ya había funcionado muy bien.

Me gustó mucho el ambiente familiar. Esto lo propició la Sala Black Bourbon. Cuando Patri —la dueña— me preguntó cómo quería la luz para hacer las fotos, casi me echo a llorar. No estoy acostumbrado. Me sentí en casa desde el primer momento. Esta era mi primera visita a esta sala, y eso que ya había ido a unos cuantos conciertos en León.

La sala se puede quedar un poco pequeña para un escenario de cinco músicos. No vi que se estorbasen, incluyendo a alguien tan expresivo como Dini.

¿Sonido? Fue bueno. Arrastré durante un día un pitido, algo que me busqué yo mismo al estar pegado a los altavoces.

"Dedicamos este concierto íntegro a una persona muy querida, compañero y conocido de bandas. Hoy Mario, de Drunken Buddha, después de una larga enfermedad, se ha marchado, y nuestro pequeño homenaje va a ser este concierto, desde el principio hasta el final. Nada más", dijo Dini, con la voz quebrada.

Se me ha metido algo en el ojo.

Y ahí estaban unos niños en primera fila. Eran cuatro. Estuvieron ahí todo el concierto apoyando a su profesor, Dini. En algún momento sacaron una pancarta que rezaba: Dini, mejor profesor, mejor cantante. Fue un contrapunto a la tristeza.

“Ave Fénix”, “Nunca más”, “Desde el aire”, “Alma de Libertad”… temas con nombre propio que te meten en el concierto desde las primeras notas.

Fueron quince temas. Se nota que ya han tenido conciertos largos, oportunidades que no siempre se tienen cuando normalmente hay que meterse en un hueco de treinta o cuarenta minutos. Bromearon con que “666” no era uno de sus temas más ensayados. Hubo solos de Javi con mucho feeling, compartidos con Álvaro. También alguna pifia —la puntual y divertida anécdota que detectabas por la cara de los músicos— y mucha complicidad. Fernando es una máquina a la batería y Juanjo aporta bajo y coros. Sí, asentados, como ya dije más arriba.

“Ella” es su hit. Cuenta con un buen número de visualizaciones y tiene un gran poder evocador. Cerraron un concierto emotivo de principio a fin.

Fernando repartió baquetas personalizadas a su joven concurrencia. Javi hizo otro tanto.

Aprovecho para saludar a Mar Fu, a Nacho Asturias y a la banda. Gracias a la sala por todas las facilidades.

Te dedico esta crónica, Mario. Tu marcha, tu ausencia, nos ha dejado devastados en esta casa. Resuena en mi cabeza ese solo de teclado de "Hang ’Em High", al igual que tu sempiterna sonrisa.

© Diario de un Metalhead 2025.



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