miércoles, 20 de mayo de 2026

Sin pantalones y a lo loco. BREAKDOWN FEST II. Oviedo, 08.05.2026. Crónica.

📝 📷 Jorge López Novales.

El mundo estaba más pendiente de si había una rata Michael Phelps que de la salud de la gente en un barco. A alguno no le habría importado prenderle fuego. 


Al menos el pelirrojo no da de qué hablar.

El mundo está loco. Hoy prefería escoger mi propia locura: la segunda edición del Breakdown Fest. Una buena dosis de metal extremo.

Tenía a Larry y Maitane trabajando en la Metal Battle de Letonia y catando cervezas.

La Sala Estilo llegó a recordar esos grandes momentos vividos en la Sala Sir Lauren´s. No éramos muchos, pero lo compensaron con intensidad. Se agradece el esfuerzo de Nefta de traer estas bandas que no se han prodigado mucho, o nada, por estos lares. En mi caso, tres bandas que no había tenido la oportunidad de ver.

The Zeronaut

Los canarios de The Zeronaut abrieron hacia las 20:00. La cosa aún no se había animado; es lo que tienen los viernes.

No les entró el sol en la sala —como dijeron—, pero venían cargados de toneladas de música.

Abrieron con el tema que ya me ganó, de primeras, con su videoclip “The Great Dying”.

Mostraron porqué llegaron a la final del Metal Battle Spain del año pasado (al igual que Sound of Silence).

Antes de que tu cabeza se atreva a pensar en post o en progresivo, ya le han dado la vuelta a un tema. Es un death metal melódico, lleno de contrastes, que entra muy bien. Llevan algo más de dos décadas en activo.

Y cuando quise darme cuenta, se acabó todo: “Portraits of Nothing”. Quería más.

Me gustaron mucho.

Incordian

Incordian fue un giro brutal. Arranca con “Su Ley y Su Dios” y ya fue un no parar. Viene de Ciudad Real. La banda, formada en 2018, tiene editados dos EP y un álbum de larga duración —reseñado en esta casa—. Han pasado por algunos cambios, pero vimos una banda bien asentada. La contundencia no excluyó la técnica. Entre pasajes de auténtica locura destacaba una buena ración de solos.

Su brutal crossover/thrash death, lleno de reivindicación y de socarronería puntual, animó bastante a los asistentes. Paco Sánchez no necesitaba la señal de tráfico para hacer un circle pit, ya nos había contagiado su rabiosa energía “De-Mente”.

Titano

Titano, desde Vigo, trajo un aire más “actual” —deathcore— sin desviarnos del leitmotiv del festival. Un aire más moderno, con Triple M «APEX», uno de los vocalistas más técnicos que he visto dentro de la escena estatal.

Incluso su forma de coger el micro y cortar el sonido con la mano llamaba la atención, aunque no se trata de un proyecto pensado para el lucimiento individual constante. Los músicos no son meros comparsas. Tuvieron sus momentos exclusivos. Dyable, con su guitarra de ocho cuerdas, acompañó al batería César Ribero en una instrumental.

Era su tercer concierto y apenas llevaban un año en marcha.

Al contar con un EP tuvieron que tirar de versión —“Disengage” de Suicide Silence —, incluso repetir un tema, “Deo Vashara”, uno de sus buques insignia. Solventaron elegantemente la carencia de temas en su setlist.

Sound of Silence

Sound of Silence venía con un nuevo disco bajo el brazo, "A New Level Of Suffering".  Un nuevo giro de la banda que deja a un lado —por el momento— el black y retoma temas más directos. Nefta, su vocalista, salió con un chándal. Y en el segundo tema estaba en calzoncillos. Buenas piernas.

La banda se convierte en un compendio de estilos que, sobre el escenario, no desentonan entre sí.

Sound es de esas bandas que, cuando vas por la mitad, dices: "esto no puede ir más arriba". Es como si cada tema, a partir de entonces, tuviera la intensidad del último. Es el momento en que no sabes dónde mirar; cada músico enloquece.

Tuvieron como invitado a Dmitry Stalingrado a la guitarra, dando un respiro a Nague en “Felices bajo Tierra”.

Sacaron en procesión a Nefta y me acordé del desmadre que armaron en el Resurrection. Es como estar en una pelea multitudinaria y no saber por dónde te llueven los golpes. “Densa niebla” se convierte en un clímax.

Se me pasó volando. No tuve la sensación “Fest” de echar el día en interminables cambios.

Isaac al mando del sonido se adaptó a las circunstancias de cada banda. La batería trajo algún quebradero de cabeza a las cuatro bandas; vi volar platos y baquetas. No supo llevar bien la caña que le dieron.

Difícil pedirle más a un viernes. Gracias por arriesgar.

© Diario de un Metalhead 2026.

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