lunes, 18 de mayo de 2026

WACKEN METAL BATTLE LATVIA. Final 2026. Riga (Letonia), 09.05.2026. Crónica.

📝 Larry Runner.
📷 Stephanie Zapolska.
📷 Larry Runner (foto de portada).

El pasado sábado día 9 volvimos a cruzar fronteras gracias al metal. Esta vez el destino era Riga, sede de una nueva final de la Wacken Metal Battle Latvia, o lo que es lo mismo, la final de Letonia.


Algún día quizá sepamos la razón por la que en castellano se cambian los nombres de algunos países, porque solo aquí se empeñan en llamar Letonia a un lugar cuyo nombre real, Latvia, se respeta prácticamente en el resto del mundo.

Maitane colaboró con la organización en la preselección de las bandas finalistas y, animados por la oportunidad, decidimos acudir al evento. La final se celebró en la sala Melna Piektdiena, un lugar alejado del centro del que nos hablaron como la mejor sala del país y parada obligatoria para prácticamente todas las bandas que giran por Latvia, salvo las que juegan ya en divisiones de grandes recintos.

Nettletie, impactantes.

El sitio imponía. En las paredes descansaba la historia reciente que había pasado por allí: fotos firmadas y recuerdos de bandas de medio mundo. Los españoles Ankor compartían espacio con Dark Tranquillity, Mayhem, Blaze Bayley, Overkill, Children of Bodom, Cannibal Corpse, Sepultura, Caliban, Stratovarius, Moonspell, The 69 Eyes, Abbath, Hypocrisy, Vader, Suicidal Angels, Amaranthe, Cradle of Filth, Sólstafir, DragonForce, Heaven Shall Burn, Brujería, Nile, Udo, Obituary, Ensiferum y un larguísimo etcétera. 

Adrians, el maestro de ceremonias.

Una vez más, el metal nos llevó a descubrir un país nuevo, una ciudad nueva y una escena local desconocida. La letona es una escena rica, joven y claramente inclinada hacia lo extremo y el metalcore moderno. Allí el reguetón, al menos de momento, parece tener la guerra perdida. Visitamos muchos bares y en todos mandaba el rock n’ roll. Mucho clásico anglosajón sonando por los altavoces y bastante menos postureo del que uno se encuentra ya en demasiados sitios.

Riga nos enamoró. Es una ciudad preciosa, cargada de historia y tremendamente agradable para perderse caminando. La comida nos sorprendió muchísimo y, entre otras cosas, allí me comí probablemente el mejor salmón de mi vida. También cayó una buena colección de cervezas locales, porque la birra artesana tiene en Latvia mucha calidad.

Morphide recogiendo el galardón de manos de Vladimirs.

Nos costó encontrar la sala, aunque más por desconfianza nuestra que por otra cosa. Google Maps nos dejó literalmente en la puerta, pero dudamos porque aquello no parecía la entrada de una sala de conciertos. No había rótulos luminosos ni carteles gigantes. Solo una discreta placa metálica con el nombre del club, como la consulta de un abogado o un dentista cualquiera. Aquella puerta de cristal parecía conducir a unas oficinas, no a una catedral del metal.

Entonces apareció Vladimirs, responsable de la Metal Battle letona, para confirmarnos que sí, que habíamos llegado. Subimos las escaleras tras aquella puerta y, de golpe, apareció ante nosotros una sala enorme, totalmente preparada y lista para que arrancara una final histórica para nosotros. He estado en 7 finales españolas y en un buen montón de semifinales, pero jamás en una final que no fuera la nuestra o la de Wacken.

Cellar Cat

Cellar Cat

Les tocó abrir con la sala todavía medio vacía, una condena habitual en este tipo de finales. Lo suyo era el metalcore, sonido dominante durante buena parte de la noche, aunque cada banda lo entendía de manera distinta.

La imagen del grupo chocaba bastante con lo que uno espera de una banda de metal. Parecía que cada músico venía de un ensayo diferente. El teclista iba de traje, el guitarrista parecía escapado de unas vacaciones en Hawái y solo el vocalista daba la sensación de tener clara la estética del asunto.

Aun así, musicalmente funcionaron muy bien. Apostaban por un metalcore melódico y muy personal, donde los teclados tenían muchísimo peso. Por eso mismo chocaba aún más que las intros fueran disparadas por pista teniendo a un teclista tan competente delante del público. La sección rítmica fue demoledora, especialmente Jekaterina Piskune, una baterista espectacular que terminó siendo lo que más me llamó la atención del grupo. El guitarrista, armado con ocho cuerdas, escondía bastante más nivel del que aparentaba. Primera sorpresa agradable de la noche.

Morphide

Morphide

Tras escuchar a todas las bandas durante los días previos para preparar el programa especial dedicado a esta final, tenía claro que Morphide partían como favoritos. Su disco “Mental” llevaba días sonando en mis auriculares y ya apuntaba maneras.

En directo confirmaron las sospechas. Su propuesta mezcla metalcore moderno con muchísimo aroma a melodic death, y salieron al escenario como si ya estuvieran tocando en Wacken. Presentaciones en inglés, actitud internacional y una seguridad impropia de una banda tan joven.

Elizabeth Zhovnerchuck se come el escenario ella sola. Vestida de cuero y sin apenas apoyo visual alrededor, carga con todo el peso escénico del grupo y lo hace con una naturalidad tremenda. La banda sonó mucho más agresiva e intensa que en estudio, muy técnica y perfectamente ensamblada. 

También se notó que habían movilizado público. La pena fue que mucha gente desapareció tras su actuación y no esperó al desenlace final. De hecho, cuando llegó el momento de anunciar al ganador, aquello ya parecía casi una reunión entre colegas.

Me terminé comprando “Mental” en físico. Habría comprado más discos de otras bandas, pero apenas había material a la venta. Solo Morphide y Cellar Cat parecían haberse tomado en serio lo de llevar merchan.

Unsainted

Unsainted

Decoraron el escenario con lonas y varias torres verticales de luces LED para reforzar la puesta en escena. Más guitarras de ocho cuerdas, más bases pregrabadas y otra visión distinta del metal moderno. Porque sí, en Latvia parece que las guitarras de seis cuerdas han desaparecido del mercado.

Su propuesta era intensa y muy trabajada, con capas de sonido disparadas por pista y hasta voces solistas pregrabadas reforzando algunas partes. Musicalmente me recordaron bastante a nuestros Unexpectance.

El detalle de dirigirse al público en inglés me pareció un acierto total. Para ellos Wacken ya había empezado. El problema llegó cuando, tras dos canciones, daba la sensación de estar escuchando siempre el mismo tema. Buen mensaje, potencia y ejecución sólida, pero demasiado lineales. Tres bandas llevábamos ya y todavía no habíamos escuchado prácticamente ni un solo.

Nettletie

Nettletie

Arrancaron enmascarados, aunque las máscaras duraron poco y desaparecieron al tercer tema. Más metalcore moderno, más capas electrónicas y otra banda construyendo gran parte de su sonido sobre bases disparadas.

Sin embargo, aquí apareció uno de los vocalistas de la noche. Mick estuvo sencillamente espectacular. Cambios de registro constantes, agresividad, control y cero trampas. Una banda muy joven que todavía tiene margen de crecimiento, pero a la que no me extrañaría ver en Wacken más pronto que tarde. Sin duda la mejor puesta en escena de la noche.

Me gustaron.

Undusted

Undusted

Su propuesta se movía en coordenadas similares a las de Unsainted, aunque conmigo no terminaron de conectar. Mucha potencia, mucha técnica y un sonido enorme, pero emocionalmente me dejaron frío.

Eso sí, cuando por fin aparecieron algunos solos, casi dieron ganas de aplaudir solo por recordar que las guitarras también sirven para transmitir emociones. Hasta entonces todo había sido una sucesión de muros de sonido perfectamente ejecutados, pero demasiado planos. Ocho cuerdas, bajos mastodónticos y precisión, aunque poca sensación de peligro real. Mucho músculo pero poco más.

A esas alturas de la noche sorprendía incluso la reacción del público. Poco headbanging, ni rastro de pogos y mucho menos un wall of death. La gente simplemente observaba.

Māra Lisenko, vocalista de la banda, sostuvo buena parte del show con una interpretación claramente influenciada por Phil Anselmo. La puesta en escena también ayudó bastante.

Gatdemit

Gatdemit

Y entonces llegaron Gatdemit. “Maldita sea” en letón. Un nombre perfecto para la banda que terminó despertando definitivamente la final.

Cantan en su idioma y les funciona de maravilla. Su vocalista domina absolutamente todos los registros: guturales, voz limpia y hasta rapeos perfectamente integrados, como ocurrió en “Tiesi Tā”, probablemente uno de los momentos más explosivos de toda la noche.

Por fin apareció la conexión real con el público. Los primeros botes serios, la primera sensación de descontrol y una banda que no necesitaba empujar artificialmente a la audiencia para hacerla reaccionar. Buenos solos, riffs afilados y un sonido profundamente noventero donde convivían Slayer, Metallica y Rage Against the Machine sin ningún complejo.

Fueron, sin discusión, la banda que más disfruté de toda la final.

Eremos IX

Eremos IX

"Éremos nueve y ahora somos cuatro". La broma ya la hice allí con Maitane y sé que es muy mala. Pero es que el nombre me sigue sonando “asturiano”, qué le vamos a hacer.

Lo suyo fue una auténtica barbaridad. Blackened death hipnótico, oscuro y ejecutado con la autoridad de quien lleva años haciendo esto.

Se notaba enseguida que eran veteranos. Sonaron enormes desde el primer minuto y, con apenas dos lonas a los lados del escenario como decoración, construyeron uno de los directos más absorbentes de toda la noche.

También utilizaban algunas bases de apoyo, aunque en su caso estaban perfectamente integradas. Salieron enmascarados y por momentos me recordaron muchísimo a Dimmu Borgir, especialmente cuando entraban los teclados disparados sobre aquellas atmósferas gigantescas.

Su batería es increíble.

Grandísima banda.

Isledjeds

Isledjeds.

O lo que es lo mismo, volcanes de Islandia. Metal extremo extenuante. Su imagen no me cuadraba con su música. Llevan el metal tan al extremo que parece carente de emociones a pesar del tremendo esfuerzo de su magnífico vocalista, que se movió por todo tipo de registros guturales. Sin aderezos, completamente orgánicos, llegaron a saturarme con tantísima  intensidad.

Al terminar las actuaciones nos desplazamos a la oficina de producción mientras Eric Hutchence (Wacken Metal Battle Caucasian) amenizaba la espera ejerciendo de metal DJ. Allí compartimos impresiones con el resto del jurado: que además de estar conformado por el mismo Eric, que obviamente no pudo acudir a la puesta en común, reunió a Daividas Kurlis, promotor del Kilkim Zaibu Fest, uno de los más importantes festivales del Báltico; Sandris Vandzous, periodista local con décadas de metal a sus espaldas; Satras Darius (Promotor  responsable de Metal Battle Lituania). Por último, Maitane Fernández y quien firma esta crónica, llegados desde España.

No tengo problema en desvelar mi podio personal: Gatdemit, Eremos IX y Morphide. Finalmente fueron estos últimos quienes se llevaron la victoria. Probablemente también influya la juventud, porque sinceramente creo que son la banda con mayor proyección internacional de las tres. Se están moviendo muchísimo en redes y parecen entender perfectamente cómo funciona hoy la industria.

Ojalá sepan aprovechar una oportunidad como Wacken. Allí no basta con tocar bien. Hay que llegar preparado, llevar material, moverse, hablar con medios, buscar contactos y pelear cada centímetro. Porque en el metal actual el talento abre puertas, pero la promoción evita que vuelvan a cerrarse. Por cierto, el premio incluye también el poder actuar en el festival más importante de su país también, en el ya citado Kilkim Žaibu 2026 festival de Daividas Kurlis, del que nos trajimos un programa y que ya hemos visto que es mucho más que música. Es toda una experiencia de cultura báltica. Ojalá algún día podamos acudir.

Gracias a los compañeros del jurado. Gracias especiales a Vladimirs por tenernos en cuenta y hacernos sentir tan lejos mejor que en casa.


© Diario de un Metalhead 2026.

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