📷 Jorge López Novales.
Tras alucinar con ellos en el pasado Unirock una vez más, y tener “A New World Rising” presente casi de continuo desde su publicación, era muy goloso no acercarse hasta Bilbao, tocando los alemanes en nuestra adorada Santana 27.
Así que a mediodía partimos rumbo a Bilbao y, tras la casi obligada parada en la casa azul para comer algo y pertrecharnos de corbatas, llegamos lo suficientemente temprano como para poder tomar unas cervezas antes de entrar, saludar a gente conocida y charlar un rato con la banda, inmortalizando el momento. Pedro de Metalegún nos daba la mejor noticia del día, el concierto era en la Sala Gold, la grande de la Santana, y no en la Blue como nos habían notificado. La asistencia lo justificaría.
Una vez dentro, los demonios de la semana se difuminaron y disfrutamos de una enorme velada gracias a las tres bandas alemanas convocadas en otra jornada avalada por el sello Z! Live. Garantía.
Wasteland Clan
Los alemanes Wasteland Clan abrieron la noche. Grata sorpresa: tras ver los vídeos, era escéptico sobre lo que me iba a encontrar. Mucha parafernalia en sus vídeos; en la mayoría de ocasiones, las bandas así utilizan el recurso visual para tapar sus carencias.
Llevan un aspecto teatral en plan apocalíptico, a lo Mad Max, algo que no es nuevo en el mundo del metal. Parecían salidos del Wasteland Stage de Wacken. No sé, puede que simplemente se hayan inspirado en aquello; no lo sé. He intentado averiguar si tenían relación alguna con el festival y no la encontré.
Su sonido es puro metal agresivo, con su vocalista llevando el peso, cambiando las voces de forma constante incluso dentro de las canciones, pasando de una rasgada a otra limpia e incluso a guturales. Tanta combinación me llamó la atención, pero no sé si para bien. Mucha intensidad, pero encontré algunas de las canciones un tanto huecas, aunque quizás por no conocer del todo su música, muy reciente para mí.
Venían presentando su disco A New Era, publicado el pasado día 13. De los temas que sonaron destacaría dos en especial: la agresiva “Unleashed the Demon”, contra la violencia machista y que fue presentada de forma muy sentida por la vocalista Jessabell Blake; y el himno “United in Metal”, que invitó a cantar.
Llevan con ellos algún sampler, pero nada descarado. En el fondo sonaron bastante orgánicos y por eso me gustaron más de lo esperado, con su forma de entender el metal: en parte moderno, en parte power metal.
Rook Road
No los conocía. Error gordo.
Porque si te gusta Deep Purple, esto entra solo. Pero solo.
De mano sorprende ver sobre el escenario un auténtico Hammond, algo que ya es muy complicado, pues los teclados modernos emulan su sonido. Tras él, currándoselo de forma increíble, Hannes Luy, un hombre que nos encogió el corazón por el parecido en escena con el tristemente reciente desaparecido Mario Herrero, de Drunken Buddha. Según la posición y el momento de las luces, os juro que era como ver y sentir al mismísimo Mario. El sonido salido de sus teclados ya lo remataba todo.
Yendo a lo estrictamente musical, muy buena la labor de todos los músicos, con una sólida base rítmica dirigida por la batería de Thomas Luther, el único joven de la banda, pues el resto ya se ven veteranos. Es precisamente esa veteranía lo que les da un poso y una puesta en escena que no necesita florituras externas. Su música lo inunda todo y sonaron gordísimos, bien dirigidos por Patrik Jost a la voz y con un Uwe Angel a la guitarra realmente magistral.
A pesar de que no conocía ni una sola de sus canciones, me encantaron con su feeling clásico a lo Purple. Buenísimos.
Rage
Y llegó la hora de Rage. Tras la intro arrancaron con “Innovation”, una de las más deseadas por mí, y es que soy de los que gusta de que los conciertos de gira estén dedicados de verdad a los nuevos discos, algo complicado para un grupo de la trayectoria de Rage, con tantísimos discos buenos y canciones míticas que ofrecer. Tan solo cuatro temas del álbum sonaron a lo largo del show del trío teutón, demasiado poco para el que esto escribe, aunque sinceramente casi más de lo esperado.
“Under the Black Crown” fue la segunda en sonar, probablemente mi favorita de su anterior y extenso Afterlifelines. Tras un escueto “Hola, amigos” por parte de Peavy, llegó el primer clásico: la machacona “Nevermore”, que nos llevó al 93 y me recordó que necesito darme una pasada por aquellos discos de los 90, que para eso los tengo todos. La sensación de ponerme a escucharlos creció con “Until I Die” —aunque al Black in Mind le di duro el pasado verano—, y ni te cuento cuando sonó “Days of December”. ¡Qué bueno fue XIII y qué olvidado lo tengo! Hace años que no le meto mano. He ido a sacar de la estantería todos los discos que tengo del grupo. Son 40. Mañana me llevo el XIII a trabajar.
Con “A New Land” hicimos la ola con las manos acompañando al grupo. El concierto fue un continuo viaje en el tiempo hacia delante y hacia atrás. No me importó. Soy tan fan de la banda que casi me da igual lo que toquen, aunque es cierto que la época Smolski ha desaparecido casi por completo del repertorio. “Fire in Your Eyes” puede que sea mi favorita del último álbum y la gocé de pleno. Es una canción que me emociona: por la temática, por el sentimiento nostálgico que transmite, por todo. Sí, reconozco que en ese momento los ojos me brillaron más de lo normal. La cruda “The Price of War” fue inmediatamente detrás, con un Lucky aporreando intensamente como se espera de un batería de heavy metal.
Jean Bormann presenta “Back in Time”. Por fin llegaba algo de la era Smolski, aunque bien es verdad que ahí el show baja algo de intensidad. La banda ha rejuvenecido con la presencia del rubio guitarrista y vive un nuevo momento de gloria. Cuando pone la rodilla en el suelo, sabes que viene algo gordo. Tras “Higher Than the Sky”, en la versión larga a la que ya estamos acostumbrados, donde el estribillo no parece tener fin, se despidieron.
Volvieron para un largo bis, más extenso de lo esperado. “Freedom” fue la última de A New World Rising. Temazo, cuando ya la tristeza empezaba a invadirme porque aquello se acababa. Ya no esperaba la renovada “Straight to Hell”, así que fue perfecto. Para cerrar, “Don’t Fear the Winter”. No podía ser otra.
Hermosa e inolvidable velada, al menos para mí. He visto a Rage muchas veces, pero creo que esta de Bilbao quedará para siempre en mi memoria. Fue muy especial y diría que necesaria para los dos que nos desplazamos. Siempre viene bien oxigenar la cabeza.
Gracias a Novales por la compañía y las fotazas y a la gente del Z! Live Rock y Lion Rock Fest que lían estas maravillas.
© Diario de un Metalhead 2026.










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