La de Atila es una historia curiosa. Nacidos a comienzos de los años 80, cuando el rock duro era poco menos que un delito en la Galicia más periférica, fueron pioneros en A Mariña y en toda la provincia de Lugo.
Cuatro décadas después de aquellos primeros acordes cuando apenas eran unos adolescentes, regresaron con su primer disco oficial, Flagellum Dei, una deuda pendiente con su propia historia y con una generación que creció al calor de sus amplificadores.
El disco llegó a mis manos tarde, me lo compré un pub el año pasado, cuando visitamos Ribadeo para ver a Aneuma y S.O.C.S., y el cd había ido a parar a la columna de los discos pendientes casi imposibles, esa a la que intento meterle mano a menudo, algo que no siempre consigo. Quería escuchar el disco y escribir sobre él, pero hacerlo con calma. Y es que no todos los días te encuentras con una gente que después de 40 años se atreve a grabar unas canciones que habían quedado en el olvido probablemente por la falta de medios de entonces.
He intentado investigar sobre ellos, y parece ser que todo empezó a comienzos de los 80, cuando nuestros protagonistas apenas eran adolescentes. Se formaron como Tubo de Escape, y juro que el nombre me sonaba. Apostaría a que Alberto Toyos, que por desgracia ya no está con nosotros, los pinchó en su Derrame Rock del que yo era fan absoluto.
Poco después mutarían en Atila, nombre con el que acabarían marcando época en la zona. En una comarca donde el rock no era precisamente la banda sonora habitual de las verbenas, ellos apostaron por un sonido propio, influenciado por los grandes ídolos internacionales del momento, con letras nacidas de la complicidad entre amigos.
No lo tuvieron fácil. "Ensayaban donde podían: en antiguas escuelas, en el campo, allí donde el volumen no espantara demasiado a vecinos o ganado. Las anécdotas forman ya parte del folclore mariñano: ganaderos que culpaban al “demo do rock” de alterar a las vacas, lechuzas adoptadas tras huir del estruendo eléctrico… Eran tiempos en los que conseguir un local o un equipo decente era una odisea y en los que una guitarra podía costar lo que hoy parece una fortuna" cuentan en la prensa local.
Su momento álgido llegó a mediados de los 80. Entre 1984 y 1985 se convirtieron en habituales de fiestas patronales y festivales especializados que empezaban a abrir espacio al rock en la comarca. El concierto en las patronales de Ribadeo, ante cerca de 2.000 personas, quedó grabado en la memoria colectiva como la confirmación de que sí, podían ser profetas en su tierra. También pasaron por citas como el festival de Burela, el de Foz o el Folk-Rock de A Pontenova, consolidando su nombre más allá del mito local.
Sin embargo, como tantas bandas de aquella hornada, no llegaron a plasmar su repertorio en un vinilo o cassette oficial. La vida siguió su curso, los caminos personales se diversificaron y el proyecto acabó diluyéndose tras más de una década de trayectoria, incluso bajo la denominación final de Venneris, con la que registraron una maqueta. La leyenda quedó flotando, alimentada por quienes los vieron en directo y por quienes escucharon hablar de ellos.
Cuarenta años después, la chispa volvió a prender. Juan José Rivas, José Carlos Díaz, Vicente Lamas, Armando, Fernando Martínez y Josedel retoman el nombre de Atila y lo hacen, fieles a su carácter, a contracorriente: publicando un disco físico en plena era digital. Flagellum Dei reúne ocho temas de rock y heavy con poso clásico. No hay prisas en su música ni tampoco demasiados lucimientos, y sí, todo suena orgánico, con una voz solista que no puedo evitar me recuerde a una versión limitada de la del Jevo.
Más que un regreso, lo de Atila es una reivindicación y quitarse una espina clavada. De entre los temas, me quedo sin duda con "Antisocial/No Huyas", que está a un nivel mucho más alto que el resto del álbum en mi opinión. Por cierto, nada tiene que ver con el tema de Trust que tan famoso hizo Anthrax y que Los Suaves llevaron al castellano.
Hay que ponerse en contexto para valorarles, no les puedes comparar con la bandas de hoy. No sé cómo se grabó el disco, pero casi apostaría que en directo en el estudio. Hay fallos y se notan y las canciones están a años luz de lo que hoy se da por bueno, pero eso no importa. El caso es que aunque sea cuatro décadas más tarde recuperaron su legado en un disco, no se ha perdido del todo como pasó con muchos grupos de la época, que por falta de medios no pudieron inmortalizar sus canciones. No, no son y seguro que tampoco lo pretenden ser la nueva sensación del rock estatal. Simplemente han salvado su legado y yo agradezco que así sea y que el disco esté en mi poder.
El disco ha llegado tarde a mi y por casualidad, pero ha llegado.
Enhorabuena, "chavales". Me alegro infinito por vosotros. Larga vida al rock n' roll.
1. El azote de Dios
2. El mafioso
3. Las calderas del Infierno
4. A sangre fría
5. Motores del rock
6. Zara
7. Flagelum Dei






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