martes, 25 de mayo de 2021

PHOENIX RISING: Acta Est Fabula (Autoeditado, 2021).

Por Larry Runner.

No soy dado a excesos powermetaleros. Es difícil que yo le meta mano a un disco de estos. Hace veinte años era un género del que abusaba, hoy en día prefiero otras emociones. Los dobles bombos, me abruman.

Con esta introducción todo el mundo pensará que voy a poner a parir a PHOENIX RISING, grupo con nombre de equipo de la MLS, pero nada más lejos de la realidad y de mi intención. Si me pareciera una mierda, ni una letra iba a escribir. Sobre la mesa hay otra docena de discos para reseñar y no pienso mirar lo que hay en la carpeta de descargas para no desmotivarme. Así que si estoy dándole a la tecla, será que algo bueno hay que decir.

Si las cuentas no me fallan este "Acta Est Fabula" es el tercer disco de los madrileños. Se abre con una larguísima intro “El Portal de Thalogrim” para dar paso al tema que da título al álbum. Enseguida ves por donde va la historia. Lo esperado. Doble bombo, coros grandilocuentes, épica y todo lo que puedas esperar de un disco del estilo al que canciones como “Luna de Sangre” le vienen al pelo con ese deje a lo Rhapsody de la buena época. “El Temor de un Hombre Sabio” hace que te preguntes si se puede tocar más rápido. ¡Qué bestias!

El sonido es equilibrado, con las guitarras sonando a buen nivel y los teclados mostrando cuerpo sin recargar, lo cual se agradece para que la sección rítmica, muy bien trabajada, tenga su espacio. Sobre todo ello una voz solista sin demasiados excesos para no agotarnos los oídos como sucede con otros cantantes que acaban saturándote. Aquí no, las líneas vocales son lo suficientemente variadas para que no ocurra. Bien por ello.

Decía que hay teclados, sí, y pianos, y orquestaciones, pero sin sobrecargar nunca el sonido, en su sitio, y todo ello muy bien tratado. Sobresaliente labor.

En su música, abundantes cabalgadas con sabor a música barroca, trabajando en todo momento con la melodía, buscando entrar bien y satisfacer los oídos, logrando a pesar de lo trillado del género, sonar frescos, lo cual ya es mucho. Los solos siempre al servicio de la canción. No faltan en ese sentido buenas muestras de virtuosismo, pero todo con buen gusto, al servicio de la melodía de la canción.

Han tirado de buenos efectos de estudio para hacer crecer el álbum. Canciones como “El Último Aliento”, de lo mejor del disco, los llevan y se agradecen. Hacen el álbum más fluido y sí, si alguna vez amaste el género es fácil que te acabe gustando. No todo es doble bombo sin parar. Temas como “El Doblón de la Muerte”, a medio tiempo y con su temática pirata, suenan realmente bien saliéndose del ritmo rápido para ganar brillo tirando además de estribillo coreable. Canciones alegres para levantar el ánimo que nada mal vienen en estos tiempos oscuros.

En “Actherhuis” colabora Elena Aznar (la adoro) de los fabulosos Time Symmetry y ... genial, era obvio, aunque sorprende escucharla en castellano. No dejaré pasar de largo el acelerón a lo melodic death en medio de “Deriva Speranza”. Curioso al menos. 

Actualmente la banda está formada por Miguel González a la voz y guitarra, Daniel Martínez a la guitarra, Jesús Martín a los teclados y orquestaciones, Carlos Vivas a la batería y Cristian Rodríguez a los coros y bajo.

Buen disco. Con el miedo que yo le tenía y al final me ha gustado. Mi aplauso para este quinteto capitalino. Una muy agradable sorpresa.

El disco ha sido grabado en los estudios New Life de Madrid (Arwen, Obús, Saratoga, etc...) bajo la producción de José Garrido (Arwen, Ex-Darkmoor) y Daniel Sabugal (Arwen, Ex-Ebony Ark) masterizado en los estudios australianos Systematic Productions por Ermin Hamidovic (Architects, Periphery, Intervals ...).

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