jueves, 2 de julio de 2026

El miércoles más intenso. RESURRECTION FEST. Día 1. Crónica.

📝 Larry Runner.
📷 Jorge López Novales.

Y arrancó el Resurrection Fest 2026. Cita muy esperada para muchos en un año donde, curiosamente, las polémicas sobre la propiedad del festival y demás historias del pasado año quedaron atrás. 


No quiero ser mal pensado, pero supongo que los nombres de Iron Maiden, Limp Bizkit y Marilyn Manson han bastado para acallar las voces discordantes. Como si nunca hubiera habido polémicas ni insultos. Pero claro, perderse un buen concierto al lado de casa obliga a algunos a practicar un buen ejercicio de hipocresía.

Dejemos de pasar facturas. Vamos a lo que importa, que es lo que sucedió en la jornada inaugural del festival, al que llegamos con la apertura de puertas, para disfrutar desde el primer momento, en una jornada donde las horas nubladas fueron más que las de sol castigador, así que con el tiempo a favor, a disfrutar. 

Fue un miércoles muy duro, pero llegamos con energía, algo que con el paso de los días nos irá fallando, y seguro que cada día hablaré de menos bandas.. Pero es que ya no soy un jovenzuelo de esos que se pegan las matadas corriendo en los circle pit. Así que lo dicho, tiraremos hasta donde nos aguante el físico que tan poco cultivamos. Sí, somos más de dar ganancia al patrocinador del festival.

Annisokay nos recibió en el Main Stage. Buen metalcore. Obviamente, suenan bien, ya sabéis como se las gasta la gente del estilo y cuando uno abre un festival como este -hecho que agradecieron en más de una ocasión a la organizadora Bring the Noise- es porque es una buena banda. De eso no tenía dudas.

Annisokay

Nada nuevo. Su estilo es bastante normal y parece que pocos de los que nos rodean se saben las canciones. Percibo que somos muchos los que les estamos descubriendo. Salvaron el concierto tras problemas con el avión que les derivaron a Portugal. Por suerte no se lo perdieron. Buen arranque.

Cruzamos la pradera de los escenarios principales. En el Ritual Stage ya lucían los estandartes de Aneuma, con un escenario muy ceremonioso, muy de boda. 

Saltaron en modo sexteto. Sí, como lo oyes. No te asustes. Jorge tenía a su lado en la batería a su pequeño sobrino Luis en modo percusionista. El pequeño lo disfrutaba pero no menos que sus mayores, que salieron pletóricos con Laura y Jane en modo diosas y a las que se les uniría más tarde Hynphernia de Death & Legacy para un tema, llamando la atención de los objetivos. Lástima que el sonido no les acompañara, parece que arriba tampoco estuvieron cómodos. Eso sí, lograron que nos agacháramos y tras un arranque con mucha timidez en el pit, comenzaron a surgir los circle e incluso hubo un wall of death un tanto caótico. Nos lo pasamos bien. Siguen creciendo. Han pasado del Chaos en su anterior visita al Ritual. 

Aneuma

Man With A Mission llegaban desde Japón. Les había visto en el Chaos en su anterior visita. Me parecen una de las propuestas más originales que he visto mezclando metal moderno, rock alternativo y electrónica. Pero les di la espalda esta vez. ¿La razón? Ellos y President prohibieron hacer fotos a los medios acreditados. A cagar. 

Aneuma

No fuimos al Desert por vez primera a disfrutar de los madrileños Black Maracas.

Han estado en el Azkena y ahora llegaban al escenario del virtuosismo del festival, el Desert Stage, ese lugar reservado para los grupos que arriban al festival sin samplers ni artificios. El escenario donde verás amplificadores, como toda la vida de Dios. Me encantaron. Su estilo es muy personal, con esa mezcla de psicodelia, sentimiento setentero, mucha potencia y una voz muy particular que al menos yo no había sentido nunca en una banda de estilo similar. 

Black Maracas

Dilly Child centra las miradas al micro , encargándose además de la guitarra, algo que le limita a la hora de ejercer de frontman. A pesar de no conocer ninguna de las canciones, me enganché. Descomunales en la interpretación, simplemente lo orgánico de su oferta ya merecía la pena, con ese sonido con el punto de suciedad necesario para sonar de verdad. Adolph Rickenbacker habría sonreído viendo aquello. Sin trampa ni cartón. Volveré a verles. Bandaza.

The President. Casi no merecen ni una línea. No dejaban hacer fotos. Quizá porque tienen mucho que esconder.

The Pretty Wild

The Pretty Wild llegaban a Viveiro desde Estados Unidos. Más metalcore en vena, esta vez más vistoso porque no cabe duda de que el trabajo a dúo de las hermanas Wylde es muy atractivo, jugando con las voces limpias y guturales apoyadas por una enorme cantidad de pistas, secuencias y arreglos disparados desde la mesa. Otra forma de entender un estilo que cada vez tiene menos de moderno, porque está claro que ha venido para quedarse. Tener aún un punto de originalidad que ofrecer ya tiene su mérito. De su palo, de lo mejor que he visto. Eso sí, no vi el show entero, que Cardiac actuaban en el Desert y quería verles en vivo por vez primera.

Cardiac

Los hispanosuizos Cardiac fueron junto a Testament lo mejor del día sin duda alguna. Pusieron el Desert patas arriba, como nunca lo había visto yo antes. Utilizan el castellano, pero están afincados en Ginebra, Suiza. Capitaneados por Drix Riks, el mejor frontman que he visto en años, la banda me hizo disfrutar de lo lindo con su música cargada de mensaje. Han compartido giras con los más grandes y pasado por un buen puñado de festivales de uno y otro lado del Atlántico, pero aquí siguen siendo un grupo un tanto desconocido. Una propuesta muy hardcore, repleta de riffs y no falta de virtuosismo, me atrapó. No faltó un wall of death a las órdenes del Drix. “Yo digo, hey, ho... y vosotros ya sabéis lo que viene después”. Fantástica manera de homenajear a Ramones. Más tarde pude charlar con ellos y ya os digo que les daremos cancha en Diario de un Metalhead. Por cierto, por medio se les coló una pedida de mano bastante espontánea que salió bien con Drix ejerciendo el sacerdocio. Brutales.

La improvisada boda con Cardiac

Vuelta al Ritual para ver un poco de la tomadura de pelo de The Browning, una banda en la que la electrónica y las pistas disparadas pesan tanto que el metal queda relegado a un papel casi testimonial. Los discos mejor en casa. Para bailar hay sitios mejores. Escapamos al Desert.

The Browning

Allí nos esperaban ya Last Train, banda francesa con un estilo muy sentido y muy 90’s. Intensos, su música es enérgica a la par que melancólica. Cargados de un aire nostálgico y taciturno, no me desagradaron, pues su apuesta grunge es orgánica y honesta. Crudos y perfectamente dirigidos por un Jean-Noël Scherrer tiene ese carisma de los grandes frontman sin necesidad de exagerar gestos. Muy buenos. 

Last Train

Como decía un buen amigo músico a mi lado, al que no seré yo quién le descubra, había escenarios donde todos los grupo tocaban la misma nota y que parecían más competir a ver quién hacía el breakdown más profundo cuando ya no se podía. Más razón que un santo, estaba claro que si querías disfrutar de la música de verdad el Desert era la mejor opción. Allí vi por vez primera a Lampr3a, que en el primer minuto de actuación ya habían tocado más notas que algunos en todo su show.

Lampr3a

El virtuoso trío euskaldún nos dejó patidifusos a base de virtuosismo, con un bajo de que diré que es un bajo, aunque para nada lo tengo claro que lo fuera. Ni sé las cuerdas que lleva, ni supe entender cómo se tocaba, porque lo de J.I. Izaguirre, a.k.a. Iza, es una especie de fusión entre arpa y bajo. Borja Mintegiaga a la guitarra parece dirigir al trío sin necesidad de hacerlo, porque su música se te cala sin falta de haber comunicación hablada. A la batería Míkel Gómez, al que vimos crecer y al que hoy también disfrutamos en S.A. El progresivo, aún siendo instrumental, puede ser increíblemente adictivo sobre todo sonando en vivo. Increíbles. ¡Gora!

Sabaton

Sigo sin entender la razón del éxito de Sabaton. Volvieron al Resu y eran los cabezas de cartel de esta primera jornada. Me pasa con ellos como con Powerwolf. Cuando más los veo, menos me gustan. Los vi por vez primera teloneando a Edguy en Bilbao hace mil años, cuando los alemanes apenas les dejaron tocar un tema aquella noche. Desde entonces no han parado de crecer, lo cual me alegra aunque no sean plato de mi devoción. Con el tanque más grande que te puedas imaginar sobre el escenario, su show estuvo cargado de pirotecnia y de la épica que sus canciones necesitan. Convierten el escenario en un campo de batalla. Al que le guste, que lo disfrute. A mí llegaron a aburrirme un poco. La verdad. No hicieron que me retirara a los aposentos porque Testament iban detrás. 

Testament

Y por fin llegaron Testament. Ellos fueron los culpables de que permaneciéramos allí aún a pesar del cansancio, el hambre y demás. No defraudan jamás. ¿Qué contar de ellos? Siempre digo lo mismo: mi Big Four no coincide con el oficial y Testament siempre está dentro. Cada vez que les veo, mi cuello lo paga. Hoy me di cuenta. No tomé una sola nota de todo el concierto. Me lo pasé bien. Thrash metal sin aditivos, sin necesidad de esconder nada detrás de una pantalla, una pista o un ordenador. Cuando tienes canciones así y músicos así, no hace falta. Para mí fueron el broche perfecto a una primera jornada que dejó muy buenos conciertos... y también unas cuantas razones para seguir defendiendo que el metal de verdad sigue sonando mejor cuando todo lo que escuchas sale de las manos de quienes están encima del escenario.

... continuará.

© Diario de un Metalhead 2026.

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