📝 Alejandro Rochu Garcia y Anabel Montes.
Segundo año que visitábamos este festival en Áncora, un adorable pueblo de la costa norte de Portugal, pero primero que lo hacemos para narrarlo para Diario de un Metalhead. Lo primero de todo, como siempre, os haremos una pequeña descripción de lo que os encontraréis allí.
El Sonic Blast es un festival maduro, que cumplirá quince ediciones el año que viene, que nació a los pies de una piscina en Moledo, otro pueblo cercano a Áncora, y que año a año se ha consolidado con el Doom metal, el Stoner Rock y la Psicodelia como referencia musical.
Es mucho lo que tenía oído de este festival por gente que conozco que lleva yendo desde sus inicios, y solo puedo decir que tenían toda la razón. Es un sitio maravilloso en cuanto a la localización, perfecto para unos días de vacaciones con su playa y su río, buena gastronomía y precios asequibles, como siempre que atravesamos la frontera a ese maravilloso país que es Portugal.
Tengo entendido que estos años los precios dentro del recinto ya no son lo que eran, pero claro, la oferta cada vez es superior, y todo eso hay que pagarlo. El festival va de sold out en sold out, pero aun así mantiene una esencia underground, con un recinto de capacidad media que rondará los cinco mil asistentes, dos escenarios, y con un concepto que va abriéndose ligeramente a otros estilos, como el punk, el hardcore y a otras propuestas que acercan a la electrónica a las propuestas más clásicas del evento, mal que les pese a algunos fans acérrimos del festival, que no acaban de ver con buenos ojos esta evolución natural. Y es que ya sabemos que para algunos, cuando un festival crece o evoluciona pierde su esencia (toda opinión es respetable, pero creo que estas cosas se producen orgánicamente siempre); en mi opinión pienso que, al menos de momento, el Sonic está gestionando bien su política de expansión en los géneros y en su política de precios y aforo. Para terminar: no te asustes si una vez allí te encuentras a gran parte de la escena musical Galega y Asturiana entre sus asistentes. Qué invasión más prestosa y que gozada juntarte con tanta buena gente conocida. El resto de lo que es este maravilloso y auténtico festival tendrás que descubrirlo por ti mismo animándote a ir un año.
JUEVES
Comenzamos el jueves con el clima habitual de esta zona de Portugal, mucho sol, bastante calor aunque sin ser una locura y unas noches donde ya hace falta tirar de alguna sudadera o cortavientos.
THRASH TALK
Tocaba entrar pronto, pues teníamos una cita en el stage dos con Thrash Talk, la banda californiana de hardcore punk con la que disfrutamos de lo lindo en el Hellfest hace mes y medio (parece que fuera hace un año). Bolazo de nuevo de la banda de Spencer Pollard y del “macarra” de Lee Spielman, que pusieron a saltar y a darlo todo a los asistentes igual que ya hicieran en Francia, pero con más mérito si cabe, pues en esta ocasión jugaban con un público que no les conocía tanto. Eso se notó ligeramente al inicio del concierto con una audiencia fría, pero que en cuanto empezó a recibir buena música, y ese show que tienen con una energía que te contagia, se puso a gozarlo a pesar de ser muy pronto y de estar todavía un pelín desubicado. Muy buen concierto, y un sonido aceptable pero sin ser lo que esperaba, pues en este festi se estila un volumen y una potencia superior; eso me pareció el año pasado y eso se comprobó a lo largo de este.
MIDNIGHT
Continuamos con Midnight en el escenario principal, una banda de Ohio que teníamos muchas ganas de ver, con un estilo muy peculiar, que mezcla punk, speed metal y black. No defraudaron ni en lo musical ni en la puesta en escena, pero si bien este concierto ya empezaba a sonar más fuerte, creo que lo hizo a costa de la calidad, con una pelota de sonido que no les hizo justicia para nada. De todas maneras nos hicieron pasar un buen rato con esos riffs acelerados y esas atmósferas black, y consiguieron que la gente no bajara el pistón después del gran final de concierto de Trash Talk. Estos dos conciertos sirvieron para seguir abriendo camino, en un festival que va consiguiendo que su público mayoritario se vaya abriendo a nuevos sonidos impensables hace unos pocos años.
DEAFHEAVEN
Descansito
y vuelta al escenario uno para ver a Deafheaven (foto de cabecera),
otra banda californiana que abre brecha en este festival con su
post-black metal, y que consiguió sacar el primer sonidazo del fin de
semana. Bolazo con mayúsculas de los de George Clarke (que gran
front-man y que vozarrón), que a sus quince años de carrera empiezan a
convertirse en una banda de referencia en el género, tocando en el
Hellfest el año pasado a la vez que fichaban por Roadrunner Records.
Contundencia, atmósferas, unos músicos brillantes como el gran Daniel
Tracy a la batería, o ese gran par de guitarras, capaces de desgarrarte
con sus riffs o hacerte viajar con sus punteos más psicodélicos.
Conciertazo que no se si el público habitual del festival acabó de
disfrutar tanto como yo, pero que técnicamente fue de diez, te guste su
estilo o no. Limpios, técnicos, trabajados…una maravilla.
CHAT PILE
Seguimos en el mismo escenario, donde les llegaba el turno a Chat Pile, una banda de Oklahoma que con su estilo sludge metal, si es del target del festival, y que personalmente no conocía, en parte porque su primer disco tiene apenas cinco años, pero en este corto periodo de tiempo les ha dado para sacar cuatro Lp’s y a hacerse un hueco en lo más alto de la escena del género noise/sludge. Buen concierto el de los norteamericanos, con un sonido pesado, bien definido y con una densidad que podías sentirla en el paladar. Me sorprendieron gratamente, no es el concierto más divertido del mundo, al menos para mí, que suelo escuchar otros estilos más vivos, pero tengo que reconocer que si te dejas llevar te ofrecen pasajes muy interesantes.
SNAPPED ANKLES - BONGZILLA
Le dimos una ligera oportunidad al post-punk de los londinenses Snapped Ankles, pero se la quitamos rápidamente. No me entran estos grupos modernos de punk con electrónica, pero es que además estaban sonando bastante regular, así que optamos por refrescar el gaznate para ver a los míticos Bongzilla. Bolo duro de masticar el de los de Wisconsin, un buen “colacao de cemento” que dirían dos buenos tipos que yo me sé. Son un grupo con un sonido muy sólido, que tienen una formación estable desde sus inicios hace treinta años, y que han forjado su leyenda a golpe de calada, con un doom metal de los de martillo pilón, y que han hecho de su afición y su lucha por la legalización del THC su bandera. Es ese mismo THC el que les hace saltar en ocasiones desde su inamovible doom hacía pasajes más stoner y de psicodelia, que además se agradecen, porque si no sería muy difícil poder aguantar una hora de seguido a esta banda. Ojo, que molan y son muy buenos, pero joder… estilo complicado de disfrutar el suyo, y mira que escucho de todo. Del sonido no se puede poner un pero, solidez y buena ejecución, además de un gran volumen, como suele ser en este festival.
MEPHISTOFELES
Un poco parecido pasa con los chavales de Mephistofeles, trio de chavales argentinos súper precoces, que están despuntando en la escena sobre manera, con giras por el viejo continente y con mucho futuro, con un doom machacón quizás con más psicodelia que los norteamericanos, pero con una calidad que para su juventud llama poderosamente la atención. Buen concierto para acabar el día en el escenario dos, donde la gente ya empezaba a estar cansada y no tenía ganas de estilos más dinámicos. Me encanta como suenan los grupos en este festival, sean del estilo que sean, quizás sea porque el ambiente es inmejorable, y eso siempre ayuda.
continuará ...
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