📝 Larry Runner.
El pasado miércoles acudíamos al Teatro Filarmónica, invitados por el management de WarCry, al preestreno de la película Tras los pasos de la rubia platino.
El titular puede llamar la atención, pero tranquilos, que no salte ninguna alarma: Víctor García seguirá siendo músico. El vocalista y líder de WarCry participa en la película haciendo de sí mismo, con un papel secundario, aunque con bastantes apariciones, al interpretar al amigo del protagonista, Sam Esparta, papel protagonizado por el actor Eduardo Castejón, a quien muchos conoceréis por aparecer en la portada de Daimon y por su vinculación con la banda desde entonces. Entre ambos existe, además, una buena amistad.
La película gira en torno al asesinato de un comisario a manos de un capo mafioso, hecho que desencadena una historia de venganza en la que un expolicía reconvertido en detective y una mujer fatal se verán envueltos entre balas, traiciones y pasión.
La cinta es la primera entrega de una trilogía cuya segunda parte ya está terminada, mientras que la tercera comenzará a rodarse después del verano.
Qué queréis que os diga, no soy crítico cinematográfico. Hay persecuciones, muchas mujeres con poca ropa y todos los clichés propios del cine de acción, todo ello envuelto en un tono de humor que nos arrancó no pocas carcajadas gracias a algunas situaciones tan disparatadas como divertidas. Es puro cine de evasión, eso sí, hecho en Asturias, con unos paisajes absolutamente espectaculares. Una película concebida con humor y cariño para entretener al público.
Entre el reparto encontraréis a unos cuantos rostros conocidos: Pepe Ruiz, el inolvidable Avelino de Matrimoniadas; Juanjo Artero, recordado por su papel de Javi en Verano Azul; etc. Y, por supuesto, el propio Víctor García, de WarCry.
Los guiños a WarCry son constantes e incluso toda la banda aparece en más de una ocasión. Además, la música de la película corre también a su cargo. Suenan "Tú Mismo", "Ardo por dentro", "La Nana" y un buen puñado más de trozos de canciones.
El teatro se abarrotó y hubo un pequeño caos en la entrada, ya que el acceso era gratuito. Y ya sabemos lo que sucede cuando las cosas son gratis: acuden muchos curiosos a los que la cita realmente les importa poco, pero, como no cuesta dinero, pues para dentro. Siempre lo digo: hay que cobrar algo, aunque sea simbólico, porque así te quitas a más de un caradura de encima.
Si se os pone a tiro, podéis echaros unas buenas risas.
© Diario de un Metalhead 2026.






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