📝 Alejandro Rochu & Anabel Montes.
📷 Hellfest.
El último día de esta tremenda decimonovena edición del Hellfest comenzaba de la peor manera posible, pues, como nos temíamos, no pudimos librarnos de la ola de calor que amenazaba con llegar entre el domingo y el lunes.
Esto no solo provocó la incomodidad propia de soportar picos de casi cuarenta grados (de los cuales solo pudimos escapar en nuestro refugio dorado: nuestro campamento a la sombra, en un pequeño bosquecillo cercano a la entrada del festival, donde, si bien hacía mucho calor, no era nada comparable a lo que sufría el resto de los mortales fuera de allí), sino que además implicó que el festival, como medida de seguridad, prohibiera el alcohol de alta graduación y que las cervezas solo pudieran servirse de una en una y en vasos de media capacidad (25 cl).
Evidentemente, es una medida lógica por motivos de seguridad y porque, según tenemos entendido, en Francia existe una normativa que obliga a prohibir totalmente su venta durante las olas de calor. Sea como fuere, al ser domingo este problema no nos afectó demasiado, dado que ya estábamos más para beber agua que otra cosa. Lo que sí nos pasó factura fue el intenso calor, que provocó que nos perdiéramos todos los conciertos previos a las seis de la tarde.
SIX FEET UNDER (Rochu)
Grupos como Drain, Suicidal Angels o Pennywise fueron los sacrificados por culpa del calor. Llegó un momento en el que o entrábamos al recinto o nos perdíamos la jornada completa. Me armé de valor y tiré para dentro, pues no estaba dispuesto a perderme a Six Feet Under, y menudo acierto.
Por un lado, descubrí que, aun siendo las seis menos diez de la tarde, los organizadores habían decidido abrir una lona en la carpa del Altar, creando una corriente de aire que permitía no solo estar relativamente cómodo, sino también escapar del sofocante calor del recinto. Prueba de que mucha gente no conocía este detalle era que me encontraba allí casi solo disfrutando de esa circunstancia y que el concierto de una banda tan legendaria apenas tenía público, seguramente porque el calor no invitaba a acercarse a la carpa si no era para descubrir este oasis oculto en la parte delantera izquierda.
Del concierto tengo que decir que lo disfruté bastante. El sonido fue bueno, contundente, la banda estuvo muy enchufada y se notaba que disfrutaban sobre el escenario. Barnes es una jodida leyenda y, si ves por primera vez en tu vida a alguien así, además conectando con el público, ¿qué más puedes pedir?
Bueno, estoy siendo muy nostálgico, porque quizá no estoy siendo tan exigente como con otras bandas. Es cierto que se podía pedir algo más, ya que la voz de Chris se nota bastante limitada; le da para cumplir, poco más, pero está lejísimos de lo que fue. En resumen, el público que asistió lo pasó bien, aunque realmente lo que ofrecieron sobre el escenario no era lo que la mayoría esperaba. A los de Florida les bastó con descargar siete temazos de la vieja escuela, un sonido sobrio y mucha actitud sobre las tablas para sacar un aprobado. Poco más que añadir.
POSSESSED (Rochu)
Comienzo pidiendo perdón por una jornada con tan pocas bandas vistas, pero, una vez más, fuimos incapaces de salir a pleno sol para ver más grupos. Esta vez los sacrificados fueron Corrosion of Conformity y Rise Against, mientras yo me quedaba en mi oasis particular esperando para ver no solo a uno de los progenitores del death metal, sino también a todo un ejemplo de lucha, amor por la música y amor por la vida: don Jeff Becerra.
Animo a quien no conozca la historia de este tipo a buscar información sobre él. Formó parte de la que, junto con Death, está considerada una de las primeras bandas del género. Grabaron dos discos tremendos y, justo después de aquello, un asalto y un disparo dejaron a Jeff para siempre en una silla de ruedas. Se alejó de todo durante un tiempo, aunque la banda continuó tímidamente, hasta que, veinte años después, regresó.
De la formación original solo queda él. Apenas han grabado un disco más desde entonces y Jeff ha pasado por infinidad de problemas de salud, pero lo tiene clarísimo: pase lo que pase, seguirá subiéndose al escenario hasta el final. Su sonrisa cuando está ahí arriba anima e inspira a ver las cosas de otra manera. El tío destila humildad y valores por los cuatro costados.
Con una figura así, el concierto queda un poco en segundo plano, y no es justo, porque se marcaron un bolazo tremendo. A pesar del calor, la gente acudió en masa y la carpa empezaba a llenarse, aunque seguía siendo muy difícil aguantar bajo esas lonas y con esas temperaturas. Buena tralla, conexión con el público, grandes bailes en el pit y un repertorio repleto de temas históricos. Mereció muchísimo la pena.
MARDUK (Rochu)
Un ligero cambio al Temple, donde seguíamos asándonos vivos, y allí aparecieron los suecos Marduk, uno de los grandes estandartes del black metal escandinavo. La banda del guitarrista Morgan Steinmeyer sorprendió con un sonido que por momentos rozó lo excesivo, con un volumen que, no sé si fue fruto del cansancio acumulado tras tantos días de festival, pero me pareció un pelín pasado de vueltas.
Sinceramente, no suele molestarme un concierto que apabulle de esa manera, así que creo que el problema fue que el sonido estaba demasiado brillante, especialmente en las guitarras y, sobre todo, en las voces. Eso, unido al elevado volumen, acabó transmitiendo una ligera sensación de saturación.
Dicho esto, el show fue muy bueno, con un Mortuus entregado, dentro de la habitual seriedad que caracteriza a los miembros de la banda. Marduk clavó cada uno de los trece temas con los que repasó su extensa discografía, y el público que llenaba la carpa disfrutó muchísimo, pues fueron capaces de mantener a la gente en movimiento a pesar del calor y del cansancio acumulado tras tantos días de festival.
No dieron tregua durante toda su hora de actuación, en lo que fue la definición perfecta de una buena bofetada: violenta, pero sobria; elegante, una auténtica hostia de padre. Se nota que el Swedish Black de Marduk conserva esa vena death de sus inicios, algo que hace que la intensidad y la contundencia brillen especialmente cuando los comparas con otros grupos más puristas del género.
NAPALM DEATH (Rochu)
Vuelta sobre nuestros pasos hacia el Altar, que claramente reunía las mejores bandas del día, al menos para mí... jeje. Era el turno de los reyes del grindcore, que se subían al escenario para poner el broche a una gran jornada y a otro gran año en el escenario dedicado a la música más extrema y contundente.
La banda de Barney y Shane —que no apareció, pues sigue peleando por solucionar sus problemas personales— continúa igual que el primer día. Mensaje social del bueno durante todo el concierto, una energía sobrehumana, como si siguieran siendo aquellos chavales antifascistas que comenzaron este proyecto con apenas doce y catorce años y que ya suma cuarenta y cinco años de historia.
Cuando los ves, lo primero que transmiten es cariño por lo que hacen, pero, sobre todo, trascendencia y autenticidad. No son una moda, no son un producto. Musicalmente siguen siendo un auténtico azote. Danny es una metralleta a la batería y ha encontrado en Adam un gran socio hasta que vuelva el bueno de Shane Embury, que volverá, como dijo Barney acordándose de su compañero y, sobre todo, de su amigo del alma. Por otro lado, ya estamos más que acostumbrados a que John Cooke nos atrone con sus estridentes guitarras desde hace más de diez años. Ya es uno más de la familia: infalible e inconfundible en su estilo.
El show fue magnífico tanto en lo técnico como en lo emocional y tuvo un sonido que hizo desaparecer el cansancio, sacándonos las últimas fuerzas para movernos y disfrutar como si fuera el primer día del festival. Muy pocos grupos podrían conseguir lo que hicieron estos tíos a las diez de la noche de un domingo, con una ola de calor y cuatro días de festival a nuestras espaldas.
Nada pudo empañar el momento, ni siquiera que la actuación tuviera que acortarse por la indisposición que sufrió Cooke poco antes del final, aparentemente debido a un golpe de calor. Teníamos previstos setenta y cinco minutos de concierto, pero hubo que despedirse cuando apenas llevaban una hora sobre el escenario. Aun así, intentaron dar tiempo a que el guitarrista se recuperara, y lo consiguieron. Regresaron para interpretar "dos temas", como dijo Barney con su habitual tono socarrón. El primero fue el aclamado Nazi Punks Fuck Off y el segundo, para cerrar definitivamente, You Suffer, con el objetivo de que Cooke pudiera descansar cuanto antes.
El público no se movió hasta el último acorde, apoyó a la banda en todo momento y terminó dedicando una más que merecida ovación a los británicos. Al final, Napalm Death es una de esas bandas que sienten un poco como suyas todos los aficionados, y resulta prácticamente imposible que generen animadversión. Pocos músicos disfrutan del cariño que despierta esta gente. A sus pies.
THE OFFSPRING (Rochu)
Opté por despedirme de esta edición del Hellfest con los californianos, buscando un poco de buen rollo, alegría y baile, y también dejándome llevar por el recuerdo del bolazo que dieron hace dos años y que todavía teníamos grabado en la memoria. Además, las alternativas eran unos Down que hace tiempo dejaron de llamarme especialmente la atención y unos Mayhem que, cada vez que los he visto, nunca han terminado de convencerme, con un sonido más cerdo que oscuro y muy poco que ofrecer en lo musical.
Dicho esto, nada que ver con el concierto de hace dos años. Igual era demasiado tarde y el cansancio ya nos pesaba demasiado (de hecho, optamos por no acercarnos mucho al escenario), pero la energía del concierto y la respuesta del público fueron claramente inferiores en esta ocasión.
El setlist era prácticamente el mismo, pero llega un momento en que el dúo formado por Dexter y Noodles parece más un dúo humorístico que una banda de punk rock, con sus continuas paradas y unas peroratas completamente infumables. El sonido estuvo bien, sin más, digno, pero tampoco consiguió levantar a la gente ni aportar ese punto extra que sí ofreció, por ejemplo, Napalm Death.
No fue un gran final, pero al menos fue un final, como suele decirse. Es muy complicado ser quien cierra el chiringuito, pero durante estos años hemos visto a otras bandas desempeñar ese papel con mucho más acierto.
VIENTOS DE CAMBIO (Rochu)
Una vez terminado el festival normalmente llegan los impresionantes fuegos artificiales, pero en esta ocasión, y con toda lógica, fueron cancelados debido a la ola de calor y al elevado riesgo de incendios.
Lo que sí hubo fue una sorpresa final. Durante toda la tarde corrió como la pólvora el rumor de que se iba a anunciar algo grande de cara al vigésimo aniversario del festival, que tendrá lugar del 17 al 20 de junio. Pues bien, un vídeo proyectado en las pantallas anunció algo realmente insólito, provocando la euforia entre todos los asistentes: el año que viene el festival pasará de seis a diez escenarios y contará con más de trescientas bandas. Una auténtica locura.
En mi caso, como persona un tanto extraña y calculadora en momentos como estos, debo reconocer que el anuncio no terminó de hacerme demasiada gracia. Personalmente no le veo grandes ventajas y creo que tiene bastante de fuegos de artificio.
Lo que van a hacer es duplicar prácticamente todos los escenarios. Los Main Stages ya funcionaban por parejas, pero ahora también habrá dos Altar, dos Temple, dos Valley y dos Warzone, cada uno con su propio nombre, aunque en la práctica supondrá tener dos escenarios sonando de forma simultánea para cada estilo musical. A mi modo de ver, esto solo provocará más solapes de bandas. De cara a la galería queda espectacular, pero para un aficionado ecléctico como yo, al que le gustan todos los estilos, significará perderse todavía más conciertos.
Por otro lado, también habrá cambios en el recinto. Se especula con alejar el camping gratuito del festival y aumentar la separación entre escenarios para poder llevar a cabo esta duplicación de espacios. Eso implicará recorrer mayores distancias y emplear más tiempo para desplazarse de un escenario a otro.
Espero con impaciencia un cartel que promete ser algo nunca visto y que, de hecho, ya ha vendido sus 65.000 entradas, ya que la organización asegura que mantendrá el mismo aforo. Sin embargo, de momento recibo con cierta cautela todos estos cambios logísticos.
Sea como fuere, os lo contaremos desde aquí el año que viene, en una edición que apunta a convertirse en la más grande que se haya celebrado, al menos en Europa.
Fin.
© Diario de un Metalhead 2026.





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