📝 Larry Runner.
📷 Jorge López Novales.
Recuerdo bien la noche en la que vi por vez primera a Nightwish. Fue hace muchos años en la Sala Quattro de Avilés, en una noche mágica en la que los finlandeses venían presentando aquel increíble Wishmaster. Teloneaban a los Rage del Ghost.
Aquella noche, mientras Rage actuaban ante la abarrotada sala asturiana, salí con un colega al merchan. Me compré una camiseta de manga larga que pasó por todas las fases por las que suelen pasar las camisetas antes de morir. Ya sabéis: fue camiseta, pijama, etc. Se la compré a Tarja y a Emppu, guitarrista del grupo, que eran los dos miembros de la banda que estaban en el puesto.
Fueron muy cercanos, más Emppu, pues recuerdo muy tímida a aquella joven pelicorta que era Tarja por entonces. Supongo que hoy en día será muy distinta. La vida no me ha dado más oportunidades de saludarla. La siguiente vez que la vi ya fue en uno de los escenarios grandes de Wacken. La irrupción de Nightwish fue enorme en la escena mundial. Pasaron, en nada, de ser teloneros de un grupo como Rage a ser una banda grande y multiventas, con números uno en Norte y Centroeuropa. Aquí no, claro; en la España cateta algo así es inimaginable.
Años más tarde Tarja salió de la banda. Jamás me interesaron los cotilleos en torno al grupo. No sé si fue expulsada o si se fue; el caso es que las dos versiones posteriores de Nightwish nunca me convencieron del todo. El grupo me gusta cada vez menos. Una pena.
![]() |
| Tarja |
Desde su salida de Nightwish me ha sido difícil seguirle la pista a Tarja. Su discografía es extensa y, así como he podido ver a Nightwish en repetidas ocasiones, no había tenido oportunidad aún de verla en solitario. La ocasión de Gijón era inmejorable. No podía fallar.
Así que hasta el ahora llamado Gijón Arena me desplacé con el compañero Novales para intentar disfrutar de una extensa velada musical de esas que tanto escasean ya en nuestra amada Asturias. Hace tiempo que las grandes giras nos han dado de lado, tal y como merece la escena asturiana, acomodada en la mediocridad de pensar que meter 300 personas es un rotundo éxito y que 80 asistentes son dignos de un documental. A eso nos hemos acostumbrado, una pena. Luego pasa lo que pasa: que vas a un bolo como este y la gente alucina con todo.

En lo único que no cambia el ir a un bolo garitero a uno de este calibre es en el precio de las cervezas. Es similar, lo cual no deja de ser sonrojante. Y es que nada tiene que ver una producción como la del Gijón Arena con lo que vemos cada fin de semana en las salas locales, que son cada vez más pequeñas y algunas no te explicas cómo pueden estar abiertas. Y no, no todo cuesta lo mismo. Aquí había una enorme pantalla cubriendo todo el fondo del escenario y dos grandísimas verticales a los lados. Eso cuesta dinero. Pero bueno, esa es otra historia. Vamos con los conciertos.
![]() |
| Serpentyne |
Serpentyne abrieron la velada. Acudí sin conocerles de nada. Luego me enteré de que son ingleses y de que llevan una trayectoria nada corta detrás. Empezaron sonando bastante mal y fueron a mejor con el paso de los minutos, con una buena vocalista al frente, que canta muy bien y dirige a un grupo que me recordó muchísimo en el estilo a Leave’s Eyes. Tengo su último disco Tales from the Dark en casa. Pronto os hablaré un poco más de ellos. No me disgustaron para nada.
![]() |
| Rok Ali and the Addiction |
Detrás de los británicos llegaban los americanos Rok Ali and the Addiction. Otro grupo con mujer al frente en una noche de marcado carácter femenino, algo a lo que tampoco estamos acostumbrados en “Naboland”. Al contrario de lo sucedido con Serpentyne, los norteamericanos no me gustaron ni lo más mínimo. Nadie pone en duda su calidad, pero no me aportaron personalmente nada. Me aburrieron con su rock psicodélico con aires setenteros, apropiado para fumetas amantes de la época. Agradecí que terminaran, como muchos de los que estaban a mi alrededor. Casi todos.
![]() |
| Rok Ali and the Addiction |
Marko Hietala venía detrás. Por fin. Llegaba la hora. Salió en modo cuarteto, acompañado de teclados, guitarra y batería. Encontrarse con el ex-Kotipelto Tuomas Wäinölä a la guitarra siempre está bien.
Cualquiera que hubiese echado un mínimo vistazo a lo que venía ofreciendo Hietala en vivo en los últimos tiempos supondría más o menos con qué nos íbamos a topar. El setlist podía ser más o menos predecible, arrancando con “Frankenstein Wife”, la canción que abre su último Roses from the Deep, el disco que venían presentando y en el que se basó la mayor parte del repertorio de la noche.
![]() |
| Marko Hietala |
Creo que se notó que la mayoría de la gente no conocía el álbum y que no eran pocos los que esperaban algún himno de Nightwish, así que no fue hasta medio show, cuando al sonar “Impatient Zero”, la gente empezó a despertar, con esa música suya intensa de raíz clásica fuertemente sinfónica.
La banda sonaba a grande y no pude evitar que la atmósfera me trasladara al tristemente desaparecido Bullhead cubierto de Wacken. El concierto estaba en ese punto que hace que te fastidie tener que escaparte hasta el baño, al lado del cual estaba situado el puesto de merchan, a unos precios desorbitados, más propios de Escandinavia que del sur de Europa.
![]() |
| Marko Hietala |
Algunas bromas en los speech, guitarras acústicas presentes en un buen taco de temas y la presencia de algunas orquestaciones disparadas servían para redondear lo que estaba siendo una buena actuación.
Y entonces, casi ya al final, apareció ella: apareció Tarja Turunen y todo pasó a adquirir una luz deslumbrante. Con solo su presencia el escenario se llena. Cantaron a dúo “Left on Mars”, como disfrutamos en su momento en aquel vídeo, en la versión original de estudio. Para cerrar, “Stones”, de su primer disco en solitario, Pyre of the Black Heart. Lo mejor de la actuación.
![]() |
| Tarja |
Y por fin llegó el momento Tarja, que saltó al escenario a ritmo de tango con su “Eye of the Storm”. Difícil seguir toda la trayectoria de la diva finlandesa. Así, a lo tonto, hace más de veinte años que está fuera de Nightwish y no ha parado de sacar discos. En mi estantería lucen cinco de los muchos que ha publicado en solitario (lo fui a mirar ahora para estar seguro).
Con una formación uniformada de negro que sonó de lujo, en la que sin duda cabría destacar la figura del bajista Doug Wimbish (Living Colour), la vocalista finlandesa no se cansó de interactuar de forma cercana con un público que demostró estar allí por ella.
“In for a Kill” me sonó más cañera en vivo. Detrás vino “Undertaker” y “500 Letters”, tema no habitual y que ha recuperado para este tour. Para “Demons in You”, guiño funky incluido, subió al escenario a un joven seguidor, demostrando su cercanía con el público. “Victim of Ritual” vino acompañada de imágenes del clip de fondo, aunque, bien es verdad, que el recurso fue utilizado por todas las bandas a lo largo de la noche. Temazo y de lo mejor de la noche sin duda alguna, con una Tarja luciéndose muchísimo en el aspecto vocal.
Llegó entonces el momento popurrí acústico, con Marko Hietala sumándose al sexteto. Con unas banquetas se colocaron al frente del escenario con el apoyo del teclista Guillermo Demedio. Fundamental la labor del argentino a las teclas. Enorme trabajo. La verdad es que esa parte acústica se me hizo un tanto tediosa. Sé que no fui el único con esa sensación. Fue el momento más aprovechado para acudir a los baños. Al menos el masculino se colapsó.
Pasado el trance desenchufado vino lo que fue la mejor parte de la noche: la parte final del concierto de Tarja. Y es que personalmente necesitaba caña de verdad. Lo de los americanos había sido un tostón y el resto, sinfonías con mucha melodía, pero ¿dónde estaba la intensidad que me pedía el cuerpo? Todo estalló con el “Slaying the Dreamer” de Nightwish, con Hietala gritando sus partes; Alex Scholpp (de Sinner) maltratando su guitarra; y el otro Alex (Holzwarth) aporreando por fin la batería con intensidad. El ex-Rhapsody sonreía.
“Silent Masquerade” bajó las revoluciones un poco, con Hietala en el dúo brillando con luz propia. Detrás, uno de los platos fuertes de la noche: el “Wishmaster” de Nightwish, que nos hizo viajar muchos años atrás mientras la banda se despedía.
Regresaron enseguida para el bis, en el que el momento cumbre fue sin duda el “Wish I Had an Angel”, un tema que pienso que sin duda suena mejor con Tarja y Hietala que con los Nightwish actuales.

Una gran noche para la cultura en un recinto que fue creado para la barbarie, algo que ojalá nunca más tenga cabida en Asturias. Espero que salieran las cuentas.
Lástima que algunos vayan a estar de cháchara. Pagar cincuenta euros para no enterarse de nada y molestar. Hace falta ser imbécil.
Gracias a Resurrection Fest por traer la fecha a Asturias y por sus facilidades para poder trabajar y preparar esta crónica.
© Diario de un Metalhead 2026.











No hay comentarios:
Publicar un comentario